Y quizá valga la pena insistir en esto: reconocer las condiciones materiales no implica negar la responsabilidad, la agencia o la capacidad de transformación de las personas; más bien, implica comprender que la libertad siempre es ejercida desde condiciones concretas. No elegimos el punto de partida, los recursos disponibles, ni las múltiples adversidades que configuran nuestra existencia, pero sí nos relacionamos con ellas de diversas maneras. El problema aparece cuando olvidamos esas condiciones y terminamos exigiendo a las personas posibilidades que el propio entorno obstaculiza o les niega. Porque una cosa es acompañar la construcción de alternativas y otra muy distinta responsabilizar individualmente a alguien por obstáculos que son producidos social y estructuralmente.
La solidaridad entonces, no es "sentir lástima" ni romantizar la precariedad, es posicionarse críticamente frente a las condiciones que producen sufrimiento, evitando culpabilizar a quienes las padecen y quienes las viven día a día. Es preguntarnos ¿qué de esto es verdaderamente "elección" y qué es una condición del campo (coeficiente de adversidad le llamaría Sartre)?¿Qué significa "cambiar" en terapia cuando las opciones están limitadas materialmente?

Ser solidarios con la lucha de clases NO significa convertir la sesión en una clase de filosofía política, sino sostener una mirada que no aísle a la persona de su entorno, percibiendo que las condiciones materiales e históricas entran en juego. Porque al final, acompañar procesos humanos sin considerar estas condiciones materiales, es trabajar en el vacío, en la ficción: la de un individuo que no tiene historia, cuerpo, ni sociedad (y no existe tal cosa).
Hoy escribo desde mi lugar de enunciación (Ribeiro, 2020), desde ese lugar en el cual, igual que otrxs colegas, me tengo que levantar todos los días para trabajar en las (j)aulas, en el consultorio o en las diversas actividades que ejerzo para sobrevivir al capitalismo voraz. Porque también vale la pena decirlo: como terapeuta pertenezco a la clase trabajadora y la razón de llamarlo solidaridad es que esta, solo se puede ejercer entre iguales, en horizontal (los créditos de esta última idea son del buen Galeano). Aquí también la importancia de conocer desde dónde hablamos, escribimos y/o ejercemos para acompañar con consciencia a nuestra comunidad.
¿Y entonces, qué hacemos con esto? Si tomamos en serio estas reflexiones, quizá también valga la pena preguntarnos qué formas de organización, discusión y acompañamiento estamos construyendo entre colegas. Porque si el sufrimiento tiene dimensiones sociales e históricas, nuestra respuesta tampoco puede agotarse en el trabajo individual de consultorio. Necesitamos espacios para pensar críticamente nuestra práctica, para cuestionar nuestras propias condiciones laborales, para formarnos políticamente (y no solo en la teoría terapéutica, sino en más miradas que brinden profundidad a nuestra perspectiva de campo), y finalmente, construir redes de apoyo y solidaridad que nos permitan sostener tanto el acompañamiento terapéutico como las luchas en la calle por una vida más digna.
Víctor Jara dijo una vez: "Yo soy un trabajador de la música, no soy un artista. El pueblo y el tiempo dirán si soy un artista. Yo, en estos momentos soy un trabajador. Y un trabajador, con consciencia muy definida, como parte de la clase trabajadora que lucha por construir una vida mejor"...
Desde nuestro lugar quedaría: "Yo soy un trabajador de la comunidad, si acaso, tengo el oficio de acompañar las experiencias humanas. Yo en estos momentos soy un trabajador. Y un trabajador, con consciencia muy definida, como parte de la clase trabajadora que lucha por construir una vida mejor".
¡México, Palestina y América Central: La Clase obrera es Internacional!
Psic. Davy Aguilar
Terapeuta Gestalt