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martes, 12 de mayo de 2020

El virus que exhibió la desigualdad social

La presente entrada corresponde a mi punto de vista, el cual representa solo una perspectiva (de muchas otras) del panorama actual que nos muestra la pandemia.

Mi intención es poner palabras a las situaciones sociales que presencio actualmente y que muchas veces pasan desapercibidas por enclaustrarnos, aislarnos o sencillamente desentendernos del entorno en el que nos toca vivir.

En tiempos actuales de pandemia, nos toca presenciar el colapso de muchos de nuestros sistemas en general: el económico que tan pobremente se ha sostenido ante las malas administraciones de los gobernantes; el de salud que se sostiene gracias a los esfuerzos de la gente tan dedicada ante la débil logística de la burocracia; y el que más duele mencionar, que es el social, afectado en la forma en la que vemos (o no-vemos) otras realidades diferentes a la nuestra.


Las políticas públicas del "Quédate En Casa" suelen ser muy eficaces para la gente que se ha beneficiado del sistema político bajo el cual se erige la hegemonía, así como la gente que se sostiene económicamente bajo un sueldo estable y percepciones fijas. ¿Pero, qué hay de las personas que están en estratos más bajos de la “escala social”? Hablo de las personas que no pueden parar para “quedarse en casa” dado que sus ingresos corresponden a una actividad económica donde no tienen ni el mínimo de prestaciones o un salario digno.

La pandemia y las contingencias sanitarias desatadas a raíz de esta, nos muestran estos panoramas que suelen ser desalentadores para quienes se atreven a mirar más allá de sus propias realidades (comúnmente mal-llamados mundos). Jóvenes y adultos que han sido despedidos de sus trabajos por la falta de recursos o infraestructura de las empresas que se ven afectadas; empresas que también tienen que cerrar puertas definitivamente perdiendo empleos masivamente; Familias que se han quedado sin sustento, ni lo básico para poder subsistir teniendo que apelar a las invitaciones del gobierno (que tampoco se da abasto) para apoyos económicos o de despensa; vendedores ambulantes y otros trabajadores que tienen que elegir entre resguardarse del peligro infeccioso que conlleva salir a ejercer sus actividades o bien, exponerse para no pasar hambres; “home office y home school” para quien no tiene ni los implementos básicos para su ejercicio (sin internet, sin computadora).

Goldie revela por accidente quién es Banksy, pero... ¿realmente ...
"No Future" (Banksy, 2010)
Se estima que se han perdido hasta hoy (Mayo 2020), cerca de 500 mil empleos y que las condiciones pintan a perder cerca de 500 mil más (de acuerdo con la STPS). Conllevando a acelerar el decaimiento económico y social, evidenciando aún más esta brecha entre el que tiene y el que no. Esto desde luego, tiene una afectación más allá de nuestros bolsillos, incluso en el ámbito psicológico, porque es más fácil pensar con el estómago lleno.

“Hablar de justicia social, también es hablar de salud mental”

Estas escenas que nos muestra la situación sanitaria actual, no han de pasar desapercibidas, dado que son situaciones del México cotidiano que se han acentuado ante la debacle socio-económica y que corresponden a las necesidades de las personas más vulneradas por la jerarquía social.

Las alternativas más allá de la contingencia


"Yo te decía que la solidaridad
es la ternura de los pueblos.
Te lo decía después del triunfo,
después de que pasamos
los tiempos duros de batallas
y llantos" 
(Gioconda Belli)


Desde ahora, muchas personas ponen sus esperanzas en reanudar sus actividades al término del aislamiento con el tan pronunciado “cuando termine la contingencia…”; no quisiera salirme del tenor y continuar con esto.

Cuando termine la contingencia: los grupos vulnerables seguirán allá, ¿Tendremos la misma visión que nos ha removido la pandemia para poder apreciarlos? Digo esto en el sentido estricto de la horizontalidad y puesto en cuanto a un ejercicio de mirar hacia el otro que tanto se ha recitado en estos tiempos.

Es decir, mirar al otro más allá de mis/sus limitaciones como seres humanos con ciertas condiciones desde la naturaleza socio-económica y desde la existencial, observar que ambos sostenemos la misma vulnerabilidad y fragilidad de la incertidumbre que nos proveen los cambios sociales abruptos como una pandemia.

Pero esto no se queda nada más allá, sino que implica mantener esta mirada de forma proactiva y hacer algo por ello (irnos hacia la acción) como muchas iniciativas privadas, públicas, civiles y a final de cuentas humanas, han surgido. Mirar al otro implica mirarnos como seres comunitarios que somos e implicarnos desde la horizontalidad que nos proveen los sistemas humanos; nadie por encima de nadie, sino en una forma de apoyo mutuo.

Pienso que la cura ante el individualismo exacerbado y la desigualdad social es ante todo, la solidaridad y la lucha por un mundo más justo para todas y todos. Construir un mundo fuera de las bases hegemónicas de las jerarquías sociales donde "nada humano nos sea ajeno" se desarrolla mediante la práctica de mirar hacia aquellas situaciones vulnerables que comúnmente son invisibilizadas o atenuadas por el narcisismo de la cultura dominante.
¿Podemos mirarnos como comunidad más allá de la distancia?

Psic. Davy Aguilar
Psicólogo clínico y Psicoterapeuta Gestalt
Contacto: 9992-19-89-51

lunes, 28 de mayo de 2018

Conmemorando la mediocridad: el fenómeno de la autocomplacencia profesional.

Una de las frases que más me irrita escuchar en las conversaciones casuales es: "Cuando termine de estudiar voy a (inserte aquí una acción cualquiera)". Y no es por una cuestión de forma, estilo o sintaxis, es simplemente porque aún me sorprende la manera en la que seguimos conceptualizando la educación y, sobre todo, la actualización profesional. El análisis de una simple frase cobra relevancia debido a que hemos descubierto, a largo de la historia de la humanidad, que el lenguaje tiene un papel preponderante en cómo le damos forma a nuestros pensamientos, a nuestras acciones y, por ende, a las sociedades que vamos construyendo de manera conjunta.

La trayectoria educativa y profesional de un individuo no finaliza al terminar su carrera, ya que desempeñar una profesión requiere de un compromiso permanente y constante de actualización. Esta actualización no necesariamente tiene que ser teórica o académica y aunque es altamente deseable que los profesionales de las diferentes disciplinas y ramas se especialicen, es una realidad que en México no todas las personas tienen los recursos necesarios para costear un nivel de posgrado o algún tipo de especialización. Aunado a esto, también es una realidad a nivel estadístico que los profesionales en México que adquieren Posgrado terminan siendo subempleados con un salario que no es equiparable a su formación profesional.


Este panorama no es muy diferente en la Psicología, que ha tenido que abrirse un camino propio mientras se debate entre dos raíces que parecieran bifurcarse de manera paralela, para ya no volver a tocarse, pero que tienen más en común de lo que entre ellas quieren admitir: La Medicina y la Filosofía. Aunada a esta ancestral confusión de identidad y roles, los profesionales de la Psicología tienen que luchar día con día con los estigmas que todavía persisten alrededor de la práctica psicológica en todos los ámbitos de acción en los que se desarrollan. Sin embargo, a mí me gustaría cuestionarles a mis colegas (y de paso cuestionarme a mí misma): ¿Qué estamos haciendo los psicólogos y las psicólogas para cambiar esto?

El primer paso que podríamos dar, y lo digo a manera de propuesta tratando de superar el inherente ímpetu humano de criticar sin proponer, es admitir que ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en qué es exactamente lo que hacemos y que, aunque eso no es para nada necesario, nos daría excusa alguna para reunirnos fuera de los ambientes controlados de las universidades y los consultorios privados. Mi primera propuesta es dejar el miedo de lado y salir a las calles, conocer el entorno que nos rodea y percatarnos de qué es lo que podemos hacer para mejorarlo (o por lo menos no empeorarlo); reunirnos para crear comunidad, compartir experiencias, conocernos y reconocernos, pues a pesar de que somos una ciencia social y humana, aún nos hace falta como colectivo mucha humanidad y socialización.


Y tú que estás leyendo esto podrías pensar: ¿Qué tipo de propuesta es esa? Mi respuesta sería: la más urgente. Los profesionales de la psicología estamos creando un aura de misterio y misticismo alrededor de nuestra propia práctica que nos está desfavoreciendo, alejando a las personas que realmente necesitan de nuestros servicios y manteniendo con nuestras conductas el status quo de una sociedad que poco a poco se está viniendo abajo y que necesita de nosotros, de nuestro pronunciamiento en situaciones críticas como la violencia o el suicidio, situaciones en las que el gremio psicológico ha permanecido convenientemente en silencio.


El pasado 20 de Mayo se conmemoró el "Día del Psicólogo(a)", una celebración que pasa desapercibida como muchas veces pasa desapercibido nuestro rol; y eso no es algo azaroso ni tampoco tiene que ver con que sea opacado por el Día del Maestro, sino que tiene más que ver con la poca injerencia que el gremio psicológico ha tenido en los cambios sociales y lo poco que se ha logrado incluso dentro de la misma profesión. Es imperante que los propios profesionales de la Psicología empecemos a mirar más allá de lo que nos han dicho que hace un psicólogo y empecemos a involucrarnos verdaderamente para facilitar el bienestar del otro, no sólo aquel otro que puede pagar por nuestro servicios. Conozco muy pocos colegas que dan psicoterapia en lengua maya o que ofertan talleres escolares adecuados a los niños y jóvenes con N.E.E o con discapacidad, existen pocos psicólogos y psicólogas que dan acompañamiento con perspectiva de género o que  están sensibilizados para atender las necesidades de la comunidad LGBTTTI+, por mencionar algunas poblaciones vulnerables. 

Aún nos falta mucho camino por recorrer, empecemos por cuestionarnos qué estamos haciendo en nuestro entorno más inmediato y organicémonos para crear comunidad. Te sorprenderás de lo que puedes encontrar más allá de las murallas del celo profesional.

        
Psic. Carmita Díaz López 
Psicóloga Escolar y Psicoterapeuta
Contacto: 9991-11-94-03
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral

lunes, 26 de junio de 2017

El cambio social NO está en uno mismo



“El cambio social está en uno mismo”… Suele ser muy común escuchar este tipo de expresiones sobre todo cuando se hace referencia a diferentes situaciones que nos acontecen como sociedad y que bien ejemplifica el qué hacer y la función participativa que tenemos como integrantes de un todo social. Sin embargo, valdría la pena considerar qué tanto la aseveración es pensada con miras del “cambio social” per se, o del mero intento por persuadir a aquellas demostraciones de participación ciudadana así como las demandas o reacciones del colectivo ante las injusticias.

Esta entrada, está dedicada a todos aquellos que se han integrado en el colectivo de las diferentes luchas sociales y también a quienes prefieren el rol de espectadores/jueces ante las situaciones en las que el contexto también ha participado.


 Imagínate que estás en una etapa muy remota a la cual estás ahora, supongamos que te encuentras en el jardín de niños y que la profesora marca de actividad grupal, el germinado de una planta de frijol (seguramente recuerdas esa típica actividad que resulta cliché durante el preescolar). Supongamos que durante tus observaciones del mencionado experimento casero, te das cuenta que el tuyo no marcha tan bien que digamos y que después de dos semanas no hubo ni indicios de brote a diferencia del resto de tu grupo que tienen plantitas bastante conformadas… Quizá te preguntarás qué ocurrió, si hiciste todo el procedimiento como indicó la profesora.

¿Considerarías que el contexto en el que te tocó plantar esa semilla, es diferente al de los demás? Probablemente, te haya hecho falta agregar agua, o sencillamente, el frijol no estaba en un estado óptimo para poder germinar a tiempo como el de tus demás compañeros.

 
Pues bien, algo similar es lo que ocurre en cuanto a las atribuciones del cambio social y de la frase de la cual partimos al análisis: “El cambio está en uno mismo” sería solo contemplar una pequeña parte de todo el amplio espectro que pudo ocasionar que tu experimento no brotara a tiempo. Considerar que el cambio comienza y que solo depende de uno mismo, sería como exigirle a la semilla que a pesar de todo el contexto poco propicio (clima, poca agua, pobres recursos en su subsuelo, pocas expectativas de crecimiento, etc…), crezca y se equipare a las demás experiencias.

Ahora, intentemos aterrizarlo a nuestra realidad como mexicanos. Si es que el cambio pudiera darse con nosotros (por estar insertos en un gran sistema), es probable que no sea suficiente para poder escalar dicho cambio a nivel de las políticas, cultura y conformación social que nos permite estar en comunidad. Esto quiere decir, que cuando cambio, no cambia en automático mi entorno; sino que necesito de la acción y participación directa para la modificación de mi mismo entorno y así poder asegurar que los cambios sean sistemáticos y que puedan hacer la diferencia en el ambiente.

Cuando el cambio es unidireccional, únicamente se consigue silenciar el rol que le compete y que responsabiliza al ambiente para poder proveer los recursos que necesitan las partes-de-un-todo. Es como decir que nos bastamos únicamente a nosotros (descartando de plano el “zoon-politikón” o característica sociopolítica del ser humano que describía Aristóteles) y que los demás estarían en completa conexión consigo mismos únicamente, creando una sociedad autista y escindida del mismo medio.

Las necesidades son los motores del cambio social y el cumplimiento de estas necesidades básicas son las que se estandarizan en los diferentes movimientos sociales que han surgido: trato digno mediante los Derechos Humanos, Economías sustentables, Justicia, Libertad, Salud, Alimentación. La procuración del cumplimiento de las necesidades corresponde a una tarea en colectivo y asimismo, le compete al entorno en el cual se desarrolla.


No contemplar al medio, sería dejarlo en su zona de confort y dejar de gestionar su propio desarrollo, así como el desarrollo de cada uno de los que integramos y participamos en este todo llamado comunidad.

Para quienes estamos inmersos en el cambio social y en la acción directa participativa; es muy común encontrarnos con la resistencia al cambio. Esta resistencia, suele ser un poco desalentadora; y con justa razón, vale la pena abordarlo:

La retroalimentación del medio, resulta primordial en la permanencia de la promoción del cambio social. Es decir, en la medida en que el medio se vuelva partícipe dentro del fenómeno, apoyaría en la generación de nuevas respuestas de relación entre cada individuo y la comunidad. Es por esto que se da lugar a la normalización de la violencia, de las matanzas, de los abusos y violaciones. Pareciera que perdemos sensibilidad, pareciera que perdemos nuestra capacidad de indignación.


Asimismo, resulta inquietante la no-participación de algunas entidades dentro de la promoción del cambio social; tal parece que no nos sentimos empáticos/interesados ante las desgracias ajenas o las políticas poco sustentables e inflexibles que el medio impone. Es como si creyéramos que esas desgracias no nos van a alcanzar en algún momento o como si estuviéramos exentos de padecer aquel dolor por la pérdida de algún hijo (por mencionar alguno).

Ciertamente, la no-participación dentro del cambio social no solamente es ignorar los fenómenos, sino hoy en día, resulta un “escupir hacia arriba creyendo que no nos va a venir de regreso”; porque en este cáncer social que vivimos actualmente, los fenómenos de injusticia, de feminicidios, de desapariciones forzadas, del narcotráfico, de la contaminación del agua y aire, de nuestro agotamiento de recursos, de la pobreza, de la violencia, cada vez van más en aumento… ¿Sabes? Esto no respeta edad, ni sexo, ni clase social; esto arrasa parejo porque estamos en colectivo inevitablemente.

Sí, el entorno lo está propiciando y sí, nosotros también participamos en nuestro deterioro al no-participar.

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico Cognitivo-Conductual y Gestalt
Contacto: 9992-19-89-51
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral