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martes, 2 de junio de 2020

Escribir desde la rabia, cuestionar desde el privilegio y luchar desde la colectividad


I can´t breathe…
George Floyd

Hay días como hoy, en los que la desesperación se anida en mi pecho y la desesperanza recorre todo mi cuerpo como si fuera su casa. Otros días me visita la tristeza, a quien conozco desde hace bastante tiempo y nos tomamos un café en la puerta de mi departamento, mientras contemplamos la lluvia caer. Pero estos últimos días, el sentimiento de rabia se ha apoderado de mis entrañas, me quema como fuego en la garganta y estas cuatro paredes sofocan mis gritos pidiendo justicia a un sistema que lleva milenios haciéndose el sordo.

Es por esa razón que he decidido convertir mis gritos ahogados en palabras y mis puños cansados en dedos que teclean, para cuestionarme desde mi propio privilegio y mi posibilidad de quedarme en casa, haciendo un llamado a quienes luchamos desde cada trinchera para que la llama de ésta rabia nunca se apague, "hasta que la dignidad se haga costumbre" (Sub. Galeano y Comdta. Ramona, EZLN).


En un país donde existen más de 100 mil personas desaparecidas (61 mil personas de acuerdo a cifras “oficiales”), donde se asesinan a 10 niñas y mujeres cada día y donde presentamos índices de violencia comparables a otros países que enfrentan conflictos armados, la indignación, el miedo y la impotencia son sentimientos con los que tenemos que lidiar cada día y que tienen costos sociales y psicológicos que poco a poco nos están pasando factura.

Haciendo referencia a la entrada anterior de mi compañero Davy   (http://trascendercapsi.blogspot.com/2020/05/el-virus-que-exhibio-la-desigualdad.html), la pandemia ha logrado sacar de manera muy cruda el clasismo, racismo, desigualdad social, xenofobia y el terrorismo de Estado (y de nación) que habíamos estado viviendo desde hace décadas, pero que había estado disfrazado bajo el velo de lo políticamente correcto, sostenido por las estructuras hegemónicas de una sociedad patriarcal, neoliberal y esencialmente capitalista. El virus y la cuarentena, impuestas por la “nueva normalidad”, nos orillan a mantenernos separados, aislados de nuestros compañeros y compañeras de lucha, tratando de encontrar otras maneras mantener nuestra colectividad incluso en la distancia, a través del uso de la tecnología (también mediada por las élites de poder) para subsanar los vacíos que nos deja ésta lejanía que cada vez nos pega más.

Tener la posibilidad de escribir desde la rabia, que sigue estando enmarcada en la  comodidad de mi hogar, me hace replantearme éstos privilegios que me han sido otorgados y me mueve a buscar una forma de ponerlos al servicio de otras y otros, cuyas luchas son distintas pero que pesan tanto como las luchas a las que yo decido apoyar y que me atraviesan. Como una mujer mexicana de tez morena, que se adscribe como feminista interseccional y se nombra como parte de la comunidad queer, he aprendido a simpatizar con las luchas de otros colectivos que han forjado su historia caminando a través de la discriminación, la violencia, la otredad y la invisibilización. Por estas razones y por mi propia historia es que la rabia me mueve a decir: ¡Ya basta!  ¡Nuestras vidas no son desechables, somos personas no cifras! ¡Estamos distanciadxs, pero NO ESTAMOS SOLXS!


¡Exigimos que se haga justicia! La desigualdad social, la violencia de género y el racismo no entran en cuarentena, siguen estando presentes en nuestras vidas de una u otra manera, están en nuestra propia casa, en nuestro barrio, en nuestro Estado y en nuestro país. Las leyes nos siguen violentando de manera sistemática y continúan favoreciendo a un porcentaje reducido de ciudadanos, decisiones que se toman detrás de escritorios de caoba hechos a la medida para el político en turno y que están pensadas para seguir manteniendo el status quo.

Les invito a utilizar la rabia colectiva para luchar contra aquellos que prometieron protegernos pero que nos han sofocado hasta la muerte, aquellos que deciden mirar al otro lado cuando las violencias nos transgreden, porque si no estás indignado… no estás prestando suficiente atención. Miremos más allá de los movimientos a los que representamos o que nos representan, miremos la colectividad que surge de unir todas las luchas, de poner el privilegio al servicio del otro y de mirarnos más allá de nuestras diferencias.


MPAE. Carmita Díaz López
Psicoterapeuta Gestalt y Psicóloga Escolar 
Contacto: 9993353681

lunes, 18 de febrero de 2019

La Psicoterapia como forma de Activismo Social

La presente entrada, pretende el objetivo de analizar el ejercicio de la Psicoterapia como una forma de activismo social enmarcado en la integración del campo.


"Haz sencillamente tu trabajo con todo tu corazón, y los temas en los que
necesitas tomar partido se harán evidentes en poco tiempo"
-Paul Goodman

Vivimos en épocas donde el hartazgo social es el pan de cada día; en donde el cansancio por enfrentar situaciones sumamente frustrantes y estresantes, desencadenan una serie de reacciones en la Persona, llevándolo a tomar parte de estos fenómenos desde diferentes posturas que le ayuden a lidiar con lo complejo y difícil de los cambios.

En mi praxis terapéutica, me he enfrentado con situaciones que corresponden a un gran marco social y que afectan (e influyen) directamente a la Persona que se sitúa justo frente a mí, llevándome a la comprensión del "síntoma" como una forma de adaptación a lo que existe fuera del consultorio... Y por qué no decirlo, de la forma en cómo yo enfrento estas situaciones a partir de mis propios síntomas.

¿Cómo no tener brotes de ansiedad cuando las demandas sociales están a la orden del día, imponiendo su cumplimiento a una velocidad imperante?
¿Cómo no deprimirnos ante la necesidad de cumplir con estas demandas y observar que estamos lejos de llegar a la ficticia meta?
¿Cómo no escindir nuestra personalidad cuando ante una necesidad de ser vistos y amados, solo obtenemos indiferencia?
¿Cómo no caer en adicciones cuando lo que necesitamos es apoyo y comprensión por nuestra necesidad de afecto en un ámbito social hostil?


Se cree que cuando trabajamos con una persona en el ambiente terapéutico, únicamente podemos abarcar lo que se nos presente al frente; descartando un mundo de posibilidades que forman el fenómeno que precisamente llega ante nosotros de manera individual. Si explicamos el fenómeno que va tomando forma, tal vez, podamos observar la necesidad que surge de este orden y con este entendimiento, poder cambiarlo.

En mi experiencia, he observado cómo los cambios que tienen lugar dentro del consultorio, tienden a escalar de formas impresionantes a tal grado que los sistemas de la Persona, comienzan a presentar otras formas de relacionarse. Así podemos ver cómo una persona con experiencia ansiosa, comienza a escuchar lo que pasa internamente y a pedir apoyo de sus redes cercanas fuera del consultorio; estos, estando en la capacidad y disponibilidad de dar soporte emocional a la Persona, y junto con esto, proporcionar un cauce a lo que la persona siente.

Creo fielmente que la Psicoterapia es para intervenir con un campo gigantesco que corresponde a los sistemas que impactan e influyen en la Persona; y cuando podemos trabajar con esta persona, cambiamos la forma en cómo están ordenadas las cosas; es decir, promovemos un cambio social a partir del trabajo dentro del consultorio; así nuestro trabajo, no se queda en las cuatro paredes; sino que escala a grados interpersonales.

¿Qué hay del terapeuta?

"No se puede ayudar a otro sin arriesgarse uno mismo"
-Carl Rogers

Es inevitable que la historia de la persona que se nos sitúa enfrente, no impacte en nosotros y también promueva cambios en nuestros propios sistemas. Lo más interesante de este trabajo es que ¡también formamos parte de este famoso campo! y que como tal, también influimos (y nos influye) la situación. Es así como me he visto en momentos que remueven mi propia historia y con esto, algunos dolores del pasado (y del presente).

¿Por qué se da esto? La respuesta es simple, somos Seres Humanos en contacto con otros Seres Humanos y por característica, estamos en sensibilidad con el otro, en mutua empatía y correlacionados. Es imprescindible que como terapeutas estemos en contacto con eso que sentimos, dado que es información importante para el proceso de la persona. Y eso es: no dejar de lado que el proceso se trata de la otra persona y que como terapeutas andamos en disposición plena (sentidos, pensamientos, sentimientos, emociones, malestares, dolores, penurias, etc...) y que también puede colaborar en facilitar al otro su situación (brindar "contraste" en la revelación/transparencia).


Me gusta asimilar esto como un "estoy contigo y te acompaño desde mi Ser". Lo terapéutico de esto, está en que afuera del consultorio, casi nadie sabe acompañar y justamente el propósito de la Psicoterapia es acompañar desde donde estamos, desde nuestra propia experiencia (lo único que tenemos a la mano para ser sinceros).

¿Y qué hacer con nuestra propia experiencia en contacto con otra persona? Yo te invitaría a revisarlos en tu propia historia y que si es necesario, acudas con tu terapeuta. Y también te invitaría a que si te animas, que lo platiques con la otra persona, el diálogo es importante para su proceso y para el tuyo también.

La Psicoterapia como revolución

Estamos en épocas en donde sentir es sinónimo de revolución, en donde la norma implica apagar nuestra capacidad humana de ser sensibles ante el otro y más aún, ante nuestras propias necesidades de contacto, de afecto.

Ante el diálogo y ante la escucha activa, promovemos otras formas de contacto humano, uno más cálido; e invitamos a la persona a apropiarse de esta forma para gestionar por fuera, con sus redes de apoyo cercanas. Esto pareciera un efecto de onda expansiva, en donde el contacto con el otro es inevitable y este resuena en diferentes puntos de nuestras historias, de nuestros entornos.


La calidad de activismo social en la Psicoterapia recae en que damos la diferencia en el "uno a uno" y que sabemos que en realidad, trabajamos con un todo tan complejo y tan enriquecido de sus matices; creamos formas nuevas de relacionarnos junto con otras personas y destacamos sobre todo, nuestra capacidad sensible de enfrentar la situación. Cambiamos el "orden establecido" por uno de mutua correspondencia.

Muchas veces, lo que la Persona necesita es compañía en la incertidumbre, en la melancolía, en la soledad, y hasta en la alegría. Decir "estoy aquí" desde nuestra praxis cambia la atmósfera del encuentro y con esto, la relación que tejemos desde el Tú, el Yo, el Nosotros.

Somos seres comunitarios y como tal, estamos adscritos a una amplia gama de intereses colectivos que nos influyen y con los que nos relacionamos. La complicidad que se da en el consultorio es una forma de hacer comunidad y de promover cambios en el sistema del otro y en el sistema propio.

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo clínico y Psicoterapeuta
Contacto: 9992-19-89-51
Trascender. Centro de Atención Psicológica Integral

lunes, 28 de mayo de 2018

Conmemorando la mediocridad: el fenómeno de la autocomplacencia profesional.

Una de las frases que más me irrita escuchar en las conversaciones casuales es: "Cuando termine de estudiar voy a (inserte aquí una acción cualquiera)". Y no es por una cuestión de forma, estilo o sintaxis, es simplemente porque aún me sorprende la manera en la que seguimos conceptualizando la educación y, sobre todo, la actualización profesional. El análisis de una simple frase cobra relevancia debido a que hemos descubierto, a largo de la historia de la humanidad, que el lenguaje tiene un papel preponderante en cómo le damos forma a nuestros pensamientos, a nuestras acciones y, por ende, a las sociedades que vamos construyendo de manera conjunta.

La trayectoria educativa y profesional de un individuo no finaliza al terminar su carrera, ya que desempeñar una profesión requiere de un compromiso permanente y constante de actualización. Esta actualización no necesariamente tiene que ser teórica o académica y aunque es altamente deseable que los profesionales de las diferentes disciplinas y ramas se especialicen, es una realidad que en México no todas las personas tienen los recursos necesarios para costear un nivel de posgrado o algún tipo de especialización. Aunado a esto, también es una realidad a nivel estadístico que los profesionales en México que adquieren Posgrado terminan siendo subempleados con un salario que no es equiparable a su formación profesional.


Este panorama no es muy diferente en la Psicología, que ha tenido que abrirse un camino propio mientras se debate entre dos raíces que parecieran bifurcarse de manera paralela, para ya no volver a tocarse, pero que tienen más en común de lo que entre ellas quieren admitir: La Medicina y la Filosofía. Aunada a esta ancestral confusión de identidad y roles, los profesionales de la Psicología tienen que luchar día con día con los estigmas que todavía persisten alrededor de la práctica psicológica en todos los ámbitos de acción en los que se desarrollan. Sin embargo, a mí me gustaría cuestionarles a mis colegas (y de paso cuestionarme a mí misma): ¿Qué estamos haciendo los psicólogos y las psicólogas para cambiar esto?

El primer paso que podríamos dar, y lo digo a manera de propuesta tratando de superar el inherente ímpetu humano de criticar sin proponer, es admitir que ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en qué es exactamente lo que hacemos y que, aunque eso no es para nada necesario, nos daría excusa alguna para reunirnos fuera de los ambientes controlados de las universidades y los consultorios privados. Mi primera propuesta es dejar el miedo de lado y salir a las calles, conocer el entorno que nos rodea y percatarnos de qué es lo que podemos hacer para mejorarlo (o por lo menos no empeorarlo); reunirnos para crear comunidad, compartir experiencias, conocernos y reconocernos, pues a pesar de que somos una ciencia social y humana, aún nos hace falta como colectivo mucha humanidad y socialización.


Y tú que estás leyendo esto podrías pensar: ¿Qué tipo de propuesta es esa? Mi respuesta sería: la más urgente. Los profesionales de la psicología estamos creando un aura de misterio y misticismo alrededor de nuestra propia práctica que nos está desfavoreciendo, alejando a las personas que realmente necesitan de nuestros servicios y manteniendo con nuestras conductas el status quo de una sociedad que poco a poco se está viniendo abajo y que necesita de nosotros, de nuestro pronunciamiento en situaciones críticas como la violencia o el suicidio, situaciones en las que el gremio psicológico ha permanecido convenientemente en silencio.


El pasado 20 de Mayo se conmemoró el "Día del Psicólogo(a)", una celebración que pasa desapercibida como muchas veces pasa desapercibido nuestro rol; y eso no es algo azaroso ni tampoco tiene que ver con que sea opacado por el Día del Maestro, sino que tiene más que ver con la poca injerencia que el gremio psicológico ha tenido en los cambios sociales y lo poco que se ha logrado incluso dentro de la misma profesión. Es imperante que los propios profesionales de la Psicología empecemos a mirar más allá de lo que nos han dicho que hace un psicólogo y empecemos a involucrarnos verdaderamente para facilitar el bienestar del otro, no sólo aquel otro que puede pagar por nuestro servicios. Conozco muy pocos colegas que dan psicoterapia en lengua maya o que ofertan talleres escolares adecuados a los niños y jóvenes con N.E.E o con discapacidad, existen pocos psicólogos y psicólogas que dan acompañamiento con perspectiva de género o que  están sensibilizados para atender las necesidades de la comunidad LGBTTTI+, por mencionar algunas poblaciones vulnerables. 

Aún nos falta mucho camino por recorrer, empecemos por cuestionarnos qué estamos haciendo en nuestro entorno más inmediato y organicémonos para crear comunidad. Te sorprenderás de lo que puedes encontrar más allá de las murallas del celo profesional.

        
Psic. Carmita Díaz López 
Psicóloga Escolar y Psicoterapeuta
Contacto: 9991-11-94-03
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral

miércoles, 17 de enero de 2018

Psicoterapia: De la Humanidad enajenada a la Humanidad consciente (Parte 1)

La concepción de la Psicoterapia como un servicio de alcances únicamente individuales, ha contribuido en gran medida al reduccionismo del impacto real que el ejercicio de esta puede aportar en diversos aspectos, sobre todo, en términos socio-políticos.

La presente entrada, tiene como finalidad, analizar la praxis psicoterapéutica como un espacio donde la Persona gestiona su entorno más allá de los límites del consultorio.

El concepto de Política

Antes de desarrollar las ideas que corresponden a la entrada, me gustaría aclarar lo que se entiende por política, desde bases lingüísticas y conceptuales.

“Política” proviene de “politikḗ”, que desde una traducción lo más apegada a la raíz griega, significa “de, para o relacionado con los ciudadanos”. Concepto que precisamente, se vincula con la forma en cómo las comunidades se organizan para la creación de su convivencia colectiva.

Este concepto también ha sufrido ciertos cambios en la manera en cómo se utiliza desde las interacciones cotidianas populares, a tal grado de adjudicar el ejercicio de lo político a aquellas altas esferas de la élite social y que intentan instaurar un gobierno de intereses individuales, más que comunes.

Asimismo, esta concepción de política, deslinda al ciudadano de su propio ejercicio, haciendo que la visualización de esta misma, sea más arraigada a la que ejerce determinado partido o persona con conveniencia de un determinado Estado, dejando de lado lo que pudiera gestarse desde una organización o agrupación con personas conscientes de su realidad social.

comunidad


La participación del entorno en la construcción de la Persona

Así como resulta complicado separar al ser humano del contexto en el que vive, no podemos pasar por alto que este mismo contexto ejerce influencia en el desarrollo del ser humano y que mediante el día a día, se ve reflejada en sus interacciones.

Esta influencia, se vive de manera más marcada en el ser humano, a partir de su entorno más inmediato: la familia. Asimismo, tenemos que aceptar que esta relación no es determinante ni lineal; es decir, el mismo individuo puede interactuar, influir y dejarse influir en otros círculos sociales y de convivencia aparte del seno familiar.

Todo esto, arma un complejo de relaciones de las que indudablemente, la persona recoge historias, creencias y patrones de conducta que en ocasiones tienden a favorecer una hegemonía o el mantenimiento de un status quo.

Actualmente, podemos reflexionar acerca del establecimiento de relaciones como un ejemplo de este status quo que se va reforzando desde el entorno:

Las épocas contemporáneas favorecen la instauración del amor narciso, un amor en donde el ser humano se contempla escindido de su ambiente y solamente existe para sí mismo; únicamente existen sus necesidades más cercanas (algunas inclusive, fabricadas por el mismo sistema) y en ocasiones, se caracteriza por la evitación del contacto con el prójimo.

En la cultura popular actual, lo podemos ver reflejado en la preferencia por las interacciones a distancia y el tiempo excesivo que invertimos en cuidar las apariencias en redes sociales virtuales. En el mundo globalizado, parece más sencillo atenuar la experiencia que nos produce la charla cara a cara mediante una pantalla que reconocer nuestra Humanidad a través del otro en contacto directo.

Vemos la vida a través de nuestros dispositivos móviles y vamos ignorando los acontecimientos que tienen lugar fuera de aquella pantalla, los que nos afectan e influyen en todo el amplio espectro de las experiencias. Virtualizamos el mundo con la finalidad de encriptarnos en el individualismo.

Si tenemos la oportunidad de interactuar cara a cara con el otro, ¿por qué no lo hacemos?
¿Las actuales redes sociales virtuales apoyan o sustituyen el contacto con los demás?
Este modus vivendi del ser humano, ha apoyado la situación de aislamiento social y por ende, de las cuestiones sociales que también impactan al individuo, ya sea de manera directa o indirecta. De esta forma, el individuo ya no se observa como un átomo más dentro de esta totalidad que llamamos “sociedad”, sino como una entidad totalmente ajena.

Es inevitable que también miremos hacia el papel que el individuo juega dentro de todo este fenómeno. El ser humano es libre de elección ante toda situación y su responsabilidad es fundamental para la persistencia de esta dinámica con el entorno. En estos casos, la misma Persona ha optado por “dejarse llevar” por las masas sin asimilar esta dinámica.

Asimismo, quisiera aclarar que estar en la masa, no es sinónimo de convivencia; la primera es ser-en-si-mismo pero acompañado por personas que solo corresponden a un escenario, mientras que el segundo apela a su capacidad para mirar la otredad desde el colectivismo, la empatía y desde los intereses de causas en común; es decir, ser-con-el-entorno.

El amor narciso impacta en la indiferencia y en concebirnos como Personas ajenas a lo que sucede fuera de nuestros ojos. Desde este punto de vista, surge el cuestionamiento: ¿Existirá algún miedo a perder identidad en el colectivo?


Psicoterapia para construir consciencia

Ante la enajenación del individuo de su sociedad, existe una alternativa (de muchas) que desde la perspectiva de la Psicología, pudiera apoyar en la construcción y co-creación de consciencias holísticas (Persona en relación con su entorno). La alternativa que en esta entrada se aborda, es la Psicoterapia.

La Psicoterapia es un espacio a través del cual, la Persona analiza y reflexiona sobre las dinámicas con las que interactúa con sus redes cercanas. Evidentemente, la persona se llega a dar cuenta inclusive del papel que juega para continuar con esas hegemonías que le han impuesto o que ha llegado a aceptar desde el enajenamiento.

Cuestiones tan cotidianas como estatutos sociales rígidos que se van arraigando a la estructura de la Persona como “Los hombres no lloran” y que desde el trasfondo se encuentra una necesidad de buscar alternativas para expresar lo que ocurre dentro de nosotros. La afirmación “los hombres no lloran” prohíbe de por medio, la expresión emocional y cercena la libertad del individuo para finalmente, orientarlo a reprimir su necesidad.

La persona que reflexiona a partir de este argumento impuesto/autoimpuesto y asimila su necesidad para expresarse, interactúa con el entorno de una manera más consciente. La persona ya contempla la flexibilidad de poder responder de una manera que le permita expresarse, sin tener que estar bajo el yugo de una creencia rígida.

Asimismo, esta construcción de consciencia, puede ser extendida y transmitida al mismo entorno; es decir, la persona consciente, puede gestionar su entorno inmediato, creando cambios significativos incluso en sus redes cercanas.


Recuerdo un cliente que participó en un proceso terapéutico años atrás, cuyo tema principal era la violencia que ejercía frente a situaciones que se colocaban fuera de su control. A partir del proceso terapéutico y de ese análisis de dinámicas que ya hemos abordado, encontró otras formas de respuesta alejados de la violencia. Lo más interesante de este caso, fue que la persona comenzó a conversar acerca de situaciones de violencia que percibía de sus redes cercanas y cómo emprendía acciones para poder evitar y apoyar con alternativas a estas personas.

Como psicoterapeutas, se cree que no podemos intervenir con nada más que con el individuo que tenemos frente a nosotros; es preciso que reflexionemos y que tomemos en cuenta que aquel individuo proviene de un contexto y que ese contexto también influye en su construcción. La comprensión de su mundo, es también la comprensión de nuestro mundo.

El ser humano amplía su consciencia sobre las problemáticas que le acontecen a partir de prácticas como la psicoterapia… y no se queda en los límites del consultorio: él las analiza, las contrasta con su realidad y decide hacer algo por cambiar (ya sea modificar el entorno o adaptarse al mismo).

La transformación de cualquier tipo en el individuo, lleva inevitablemente a gestionar cambios en el entorno, incluyendo los cambios sociales. La persona se organiza para cambiar en el colectivo, cambia su perspectiva y re-organiza la forma en cómo la realidad social se encuentra estructurada. El individuo cuestiona el status quo que le es impuesto y crea nuevas formas de relación.

El ser humano es un ser político por naturaleza y crear consciencia de su papel en el entorno, le hace apropiarse activamente (responsabilizarse) de las riendas de su existencia y de cómo genera impacto en lo otro (los otros).

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Contacto: 9992-19-89-51
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral

domingo, 3 de diciembre de 2017

La cruda realidad de ser mujer en México

El pasado 25 de Noviembre se conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. En el marco de dicha fecha, miles de personas a favor de la equidad de género salieron a tomar las calles con la finalidad de reclamar los derechos que sistemática e históricamente han sido violentados y negados para las mujeres desde diversos ámbitos, tanto en el espacio público como en el privado.

La realidad actual del país y del mundo en general permite visibilizar la violencia de género como una problemática sumamente compleja que impregna todos los espacios en los que nos desenvolvemos y contamina las relaciones que generamos con nuestro entorno, ya que la opresión vivida por las mujeres está íntimamente relacionada con otras formas de opresión ligadas al sistema social contemporáneo, capitalista y heteropatriarcal, en el que todos y todas que nos encontramos inmersas.

De acuerdo con estadísticas actuales, en la República Mexicana mueren a diario de manera violenta alrededor de 7 mujeres. En este mismo contexto, 4 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia a manos de sus parejas y únicamente se presentan 150 mil denuncias al año por alguno de los tipos de violencia tipificados por el orden jurídico. De las denuncias que son presentadas al año únicamente el 11% resultan en averiguaciones previas y sólo un impactante 2.4% reciben sentencias condenatorias.

La situación de desamparo en la que vivimos la mayoría de las mujeres en México es alarmante, considerando que ante la ley somos titulares de todos los derechos reconocidos por el orden jurídico. A pesar de esto, ser mujer en México y en el mundo entero supone no solamente una desventaja, sino un riesgo elevado de ser violentada de alguna manera y de que los crímenes cometidos hacia nuestra persona queden impunes.


De acuerdo con la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV) como parte del proceso de atención a las mujeres víctimas de violencia, la Secretaría de Seguridad Pública tiene la responsabilidad de crear un Banco Nacional de Datos e Información sobre  Casos  de  Violencia contra las Mujeres, cuya finalidad principal es proporcionar y administrar la información procesada de las instancias involucradas  en  la  atención,  prevención,  sanción  y  erradicación  de  la  violencia  de  género, con el fin  de instrumentar  políticas  públicas  desde  la perspectiva  de  género y  de  derechos  humanos  de  las mujeres. Hasta la fecha, el Banco aún se encuentra en proceso de implementación por lo que no se tienen datos fidedignos que apoyen a la creación de políticas públicas que realmente combatan la problemática de manera adecuada.

La importancia de reflexionar sobre las violencias en contra de las mujeres radica en visibilizar la situación actual y organizar acciones desde la sociedad civil, que ha tenido un papel preponderante en las acciones encaminadas a la prevención y erradicación de la violencia machista y misógina. Si después de leer esta entrada aún crees que la violencia de género no tiene nada que ver contigo o que no es algo que sea relevante o cotidiano, tal vez necesites mirar a tu alrededor con mayor detenimiento.
Hoy más que nunca es necesario cuestionarnos a nosotros mismos, como personas que viven y se relacionan en sociedad: ¿Soy parte del problema o de la solución?  

Psic. Carmita Díaz López
Psicóloga escolar y clínica
Contacto: 9991-11-04-03
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral. 

lunes, 26 de junio de 2017

El cambio social NO está en uno mismo



“El cambio social está en uno mismo”… Suele ser muy común escuchar este tipo de expresiones sobre todo cuando se hace referencia a diferentes situaciones que nos acontecen como sociedad y que bien ejemplifica el qué hacer y la función participativa que tenemos como integrantes de un todo social. Sin embargo, valdría la pena considerar qué tanto la aseveración es pensada con miras del “cambio social” per se, o del mero intento por persuadir a aquellas demostraciones de participación ciudadana así como las demandas o reacciones del colectivo ante las injusticias.

Esta entrada, está dedicada a todos aquellos que se han integrado en el colectivo de las diferentes luchas sociales y también a quienes prefieren el rol de espectadores/jueces ante las situaciones en las que el contexto también ha participado.


 Imagínate que estás en una etapa muy remota a la cual estás ahora, supongamos que te encuentras en el jardín de niños y que la profesora marca de actividad grupal, el germinado de una planta de frijol (seguramente recuerdas esa típica actividad que resulta cliché durante el preescolar). Supongamos que durante tus observaciones del mencionado experimento casero, te das cuenta que el tuyo no marcha tan bien que digamos y que después de dos semanas no hubo ni indicios de brote a diferencia del resto de tu grupo que tienen plantitas bastante conformadas… Quizá te preguntarás qué ocurrió, si hiciste todo el procedimiento como indicó la profesora.

¿Considerarías que el contexto en el que te tocó plantar esa semilla, es diferente al de los demás? Probablemente, te haya hecho falta agregar agua, o sencillamente, el frijol no estaba en un estado óptimo para poder germinar a tiempo como el de tus demás compañeros.

 
Pues bien, algo similar es lo que ocurre en cuanto a las atribuciones del cambio social y de la frase de la cual partimos al análisis: “El cambio está en uno mismo” sería solo contemplar una pequeña parte de todo el amplio espectro que pudo ocasionar que tu experimento no brotara a tiempo. Considerar que el cambio comienza y que solo depende de uno mismo, sería como exigirle a la semilla que a pesar de todo el contexto poco propicio (clima, poca agua, pobres recursos en su subsuelo, pocas expectativas de crecimiento, etc…), crezca y se equipare a las demás experiencias.

Ahora, intentemos aterrizarlo a nuestra realidad como mexicanos. Si es que el cambio pudiera darse con nosotros (por estar insertos en un gran sistema), es probable que no sea suficiente para poder escalar dicho cambio a nivel de las políticas, cultura y conformación social que nos permite estar en comunidad. Esto quiere decir, que cuando cambio, no cambia en automático mi entorno; sino que necesito de la acción y participación directa para la modificación de mi mismo entorno y así poder asegurar que los cambios sean sistemáticos y que puedan hacer la diferencia en el ambiente.

Cuando el cambio es unidireccional, únicamente se consigue silenciar el rol que le compete y que responsabiliza al ambiente para poder proveer los recursos que necesitan las partes-de-un-todo. Es como decir que nos bastamos únicamente a nosotros (descartando de plano el “zoon-politikón” o característica sociopolítica del ser humano que describía Aristóteles) y que los demás estarían en completa conexión consigo mismos únicamente, creando una sociedad autista y escindida del mismo medio.

Las necesidades son los motores del cambio social y el cumplimiento de estas necesidades básicas son las que se estandarizan en los diferentes movimientos sociales que han surgido: trato digno mediante los Derechos Humanos, Economías sustentables, Justicia, Libertad, Salud, Alimentación. La procuración del cumplimiento de las necesidades corresponde a una tarea en colectivo y asimismo, le compete al entorno en el cual se desarrolla.


No contemplar al medio, sería dejarlo en su zona de confort y dejar de gestionar su propio desarrollo, así como el desarrollo de cada uno de los que integramos y participamos en este todo llamado comunidad.

Para quienes estamos inmersos en el cambio social y en la acción directa participativa; es muy común encontrarnos con la resistencia al cambio. Esta resistencia, suele ser un poco desalentadora; y con justa razón, vale la pena abordarlo:

La retroalimentación del medio, resulta primordial en la permanencia de la promoción del cambio social. Es decir, en la medida en que el medio se vuelva partícipe dentro del fenómeno, apoyaría en la generación de nuevas respuestas de relación entre cada individuo y la comunidad. Es por esto que se da lugar a la normalización de la violencia, de las matanzas, de los abusos y violaciones. Pareciera que perdemos sensibilidad, pareciera que perdemos nuestra capacidad de indignación.


Asimismo, resulta inquietante la no-participación de algunas entidades dentro de la promoción del cambio social; tal parece que no nos sentimos empáticos/interesados ante las desgracias ajenas o las políticas poco sustentables e inflexibles que el medio impone. Es como si creyéramos que esas desgracias no nos van a alcanzar en algún momento o como si estuviéramos exentos de padecer aquel dolor por la pérdida de algún hijo (por mencionar alguno).

Ciertamente, la no-participación dentro del cambio social no solamente es ignorar los fenómenos, sino hoy en día, resulta un “escupir hacia arriba creyendo que no nos va a venir de regreso”; porque en este cáncer social que vivimos actualmente, los fenómenos de injusticia, de feminicidios, de desapariciones forzadas, del narcotráfico, de la contaminación del agua y aire, de nuestro agotamiento de recursos, de la pobreza, de la violencia, cada vez van más en aumento… ¿Sabes? Esto no respeta edad, ni sexo, ni clase social; esto arrasa parejo porque estamos en colectivo inevitablemente.

Sí, el entorno lo está propiciando y sí, nosotros también participamos en nuestro deterioro al no-participar.

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico Cognitivo-Conductual y Gestalt
Contacto: 9992-19-89-51
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral