Mostrando las entradas con la etiqueta identidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta identidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de enero de 2018

Psicoterapia: De la Humanidad enajenada a la Humanidad consciente (Parte 1)

La concepción de la Psicoterapia como un servicio de alcances únicamente individuales, ha contribuido en gran medida al reduccionismo del impacto real que el ejercicio de esta puede aportar en diversos aspectos, sobre todo, en términos socio-políticos.

La presente entrada, tiene como finalidad, analizar la praxis psicoterapéutica como un espacio donde la Persona gestiona su entorno más allá de los límites del consultorio.

El concepto de Política

Antes de desarrollar las ideas que corresponden a la entrada, me gustaría aclarar lo que se entiende por política, desde bases lingüísticas y conceptuales.

“Política” proviene de “politikḗ”, que desde una traducción lo más apegada a la raíz griega, significa “de, para o relacionado con los ciudadanos”. Concepto que precisamente, se vincula con la forma en cómo las comunidades se organizan para la creación de su convivencia colectiva.

Este concepto también ha sufrido ciertos cambios en la manera en cómo se utiliza desde las interacciones cotidianas populares, a tal grado de adjudicar el ejercicio de lo político a aquellas altas esferas de la élite social y que intentan instaurar un gobierno de intereses individuales, más que comunes.

Asimismo, esta concepción de política, deslinda al ciudadano de su propio ejercicio, haciendo que la visualización de esta misma, sea más arraigada a la que ejerce determinado partido o persona con conveniencia de un determinado Estado, dejando de lado lo que pudiera gestarse desde una organización o agrupación con personas conscientes de su realidad social.

comunidad


La participación del entorno en la construcción de la Persona

Así como resulta complicado separar al ser humano del contexto en el que vive, no podemos pasar por alto que este mismo contexto ejerce influencia en el desarrollo del ser humano y que mediante el día a día, se ve reflejada en sus interacciones.

Esta influencia, se vive de manera más marcada en el ser humano, a partir de su entorno más inmediato: la familia. Asimismo, tenemos que aceptar que esta relación no es determinante ni lineal; es decir, el mismo individuo puede interactuar, influir y dejarse influir en otros círculos sociales y de convivencia aparte del seno familiar.

Todo esto, arma un complejo de relaciones de las que indudablemente, la persona recoge historias, creencias y patrones de conducta que en ocasiones tienden a favorecer una hegemonía o el mantenimiento de un status quo.

Actualmente, podemos reflexionar acerca del establecimiento de relaciones como un ejemplo de este status quo que se va reforzando desde el entorno:

Las épocas contemporáneas favorecen la instauración del amor narciso, un amor en donde el ser humano se contempla escindido de su ambiente y solamente existe para sí mismo; únicamente existen sus necesidades más cercanas (algunas inclusive, fabricadas por el mismo sistema) y en ocasiones, se caracteriza por la evitación del contacto con el prójimo.

En la cultura popular actual, lo podemos ver reflejado en la preferencia por las interacciones a distancia y el tiempo excesivo que invertimos en cuidar las apariencias en redes sociales virtuales. En el mundo globalizado, parece más sencillo atenuar la experiencia que nos produce la charla cara a cara mediante una pantalla que reconocer nuestra Humanidad a través del otro en contacto directo.

Vemos la vida a través de nuestros dispositivos móviles y vamos ignorando los acontecimientos que tienen lugar fuera de aquella pantalla, los que nos afectan e influyen en todo el amplio espectro de las experiencias. Virtualizamos el mundo con la finalidad de encriptarnos en el individualismo.

Si tenemos la oportunidad de interactuar cara a cara con el otro, ¿por qué no lo hacemos?
¿Las actuales redes sociales virtuales apoyan o sustituyen el contacto con los demás?
Este modus vivendi del ser humano, ha apoyado la situación de aislamiento social y por ende, de las cuestiones sociales que también impactan al individuo, ya sea de manera directa o indirecta. De esta forma, el individuo ya no se observa como un átomo más dentro de esta totalidad que llamamos “sociedad”, sino como una entidad totalmente ajena.

Es inevitable que también miremos hacia el papel que el individuo juega dentro de todo este fenómeno. El ser humano es libre de elección ante toda situación y su responsabilidad es fundamental para la persistencia de esta dinámica con el entorno. En estos casos, la misma Persona ha optado por “dejarse llevar” por las masas sin asimilar esta dinámica.

Asimismo, quisiera aclarar que estar en la masa, no es sinónimo de convivencia; la primera es ser-en-si-mismo pero acompañado por personas que solo corresponden a un escenario, mientras que el segundo apela a su capacidad para mirar la otredad desde el colectivismo, la empatía y desde los intereses de causas en común; es decir, ser-con-el-entorno.

El amor narciso impacta en la indiferencia y en concebirnos como Personas ajenas a lo que sucede fuera de nuestros ojos. Desde este punto de vista, surge el cuestionamiento: ¿Existirá algún miedo a perder identidad en el colectivo?


Psicoterapia para construir consciencia

Ante la enajenación del individuo de su sociedad, existe una alternativa (de muchas) que desde la perspectiva de la Psicología, pudiera apoyar en la construcción y co-creación de consciencias holísticas (Persona en relación con su entorno). La alternativa que en esta entrada se aborda, es la Psicoterapia.

La Psicoterapia es un espacio a través del cual, la Persona analiza y reflexiona sobre las dinámicas con las que interactúa con sus redes cercanas. Evidentemente, la persona se llega a dar cuenta inclusive del papel que juega para continuar con esas hegemonías que le han impuesto o que ha llegado a aceptar desde el enajenamiento.

Cuestiones tan cotidianas como estatutos sociales rígidos que se van arraigando a la estructura de la Persona como “Los hombres no lloran” y que desde el trasfondo se encuentra una necesidad de buscar alternativas para expresar lo que ocurre dentro de nosotros. La afirmación “los hombres no lloran” prohíbe de por medio, la expresión emocional y cercena la libertad del individuo para finalmente, orientarlo a reprimir su necesidad.

La persona que reflexiona a partir de este argumento impuesto/autoimpuesto y asimila su necesidad para expresarse, interactúa con el entorno de una manera más consciente. La persona ya contempla la flexibilidad de poder responder de una manera que le permita expresarse, sin tener que estar bajo el yugo de una creencia rígida.

Asimismo, esta construcción de consciencia, puede ser extendida y transmitida al mismo entorno; es decir, la persona consciente, puede gestionar su entorno inmediato, creando cambios significativos incluso en sus redes cercanas.


Recuerdo un cliente que participó en un proceso terapéutico años atrás, cuyo tema principal era la violencia que ejercía frente a situaciones que se colocaban fuera de su control. A partir del proceso terapéutico y de ese análisis de dinámicas que ya hemos abordado, encontró otras formas de respuesta alejados de la violencia. Lo más interesante de este caso, fue que la persona comenzó a conversar acerca de situaciones de violencia que percibía de sus redes cercanas y cómo emprendía acciones para poder evitar y apoyar con alternativas a estas personas.

Como psicoterapeutas, se cree que no podemos intervenir con nada más que con el individuo que tenemos frente a nosotros; es preciso que reflexionemos y que tomemos en cuenta que aquel individuo proviene de un contexto y que ese contexto también influye en su construcción. La comprensión de su mundo, es también la comprensión de nuestro mundo.

El ser humano amplía su consciencia sobre las problemáticas que le acontecen a partir de prácticas como la psicoterapia… y no se queda en los límites del consultorio: él las analiza, las contrasta con su realidad y decide hacer algo por cambiar (ya sea modificar el entorno o adaptarse al mismo).

La transformación de cualquier tipo en el individuo, lleva inevitablemente a gestionar cambios en el entorno, incluyendo los cambios sociales. La persona se organiza para cambiar en el colectivo, cambia su perspectiva y re-organiza la forma en cómo la realidad social se encuentra estructurada. El individuo cuestiona el status quo que le es impuesto y crea nuevas formas de relación.

El ser humano es un ser político por naturaleza y crear consciencia de su papel en el entorno, le hace apropiarse activamente (responsabilizarse) de las riendas de su existencia y de cómo genera impacto en lo otro (los otros).

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Contacto: 9992-19-89-51
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral

lunes, 19 de diciembre de 2016

La lección de las hormigas a la humanidad

Hace algún tiempo, en un momento de ocio y navegación por internet, me encontré con un artículo que ciertamente me había dejado muy reflexivo con respecto a la existencia de la sociedad actual y sus métodos de organización y estructura.

Dicho artículo era autoría de un biólogo que describía las conductas de las hormigas orientadas hacia la conformación de una sociedad organizada y sumamente auto-regulada. Es por esto, que decido elaborar una entrada, con afán de compartir algunas ideas que surgieron en torno al tema; así como las partes que más llamaron mi atención de esta analogía.

Las hormigas llevan muchísimos años radicando en la Tierra (inclusive llevan más años que los seres Humanos) y han pasado por numerosos procesos de mutación para la adaptación a los diferentes entornos que les ha tocado vivir. Uno de estos procesos adaptativos, es su conformación como sociedad, variable en la que me encuentro interesado en poder profundizar.



Se conoce regularmente a las hormigas como los "super-organismos" que han logrado una estructura social que favorece el bien común y que de alguna manera impera ante el individualismo. La hormiga sabe bien que por su estructura organísmica, su limitado abanico de posibilidades, y por años y años de varios prototipos físicos concedidos gracias a su evolución, no sobreviviría si se enfrasca en sí misma, dando pie al egotismo.

Es por su cooperación y por sus grandes habilidades para la organización social, que han logrado sobrevivir ante tantas circunstancias adversas. Aún más, me resulta necesario indicar que cada hormiga cumple una función dentro de su propio hormiguero y que destaca por sus habilidades que suelen ser únicas para la tarea que ejecuta. Así es como las hormigas más robustas y con agilidad en las patas, suelen ser quienes transportan la comida, debido a que su estructura fisiológica es la más adecuada para esta tarea; otras se dedican a la arquitectura y forma del hormiguero; algunas más, a la atención y cuidado de las larvas; por tomar diversos ejemplos.



En si, las hormigas tienen un común denominador en el ejercicio de sus tareas: la supervivencia de su sociedad. Es por esto, que se apoyan unas a otras (inclusive, cuando alguna sobrepasa su peso en carga, enseguida entran en grupo para apoyar en la transportación de dicha carga).

En contraste, la sociedad humana, ha adquirido en los últimos años, un tono individualista; basado en el poder y el control de su entorno, más que en la colectividad y progreso social auténtico. La hormiga sabe bien que depende del otro para lograr y/o complementar su trabajo; que necesita de la naturaleza para poder subsistir. El ser humano insiste en manipular el medio a su antojo, en no-adaptarse, sino en tergiversar sus prácticas hegemónicas para dejar huella a la fuerza.

En mi opinión; nos hace falta aprender esta lección que las hormigas nos dejan como sociedad. No me refiero necesariamente a confluir, sino a ser-con-el-medio y crear alianzas estratégicas que como comunidades nos brinden facilidades para integrarnos, organizarnos y trabajar por la experiencia de reconocernos en conjunto, como un todo.

Nos hace falta adaptarnos, nos hace falta aprender de otros organismos y que, como bien diría el autor de citado artículo: "En el futuro, la diferencia entre humanos y hormigas se determinará por una sola variable: El éxito evolutivo".

Finalmente, quisiera dejar una frase que más que introductoria al artículo, me pareció demasiado acertada para la ilustración de la construcción de las ideas en esta entrada:

"Al igual que la raza humana, las hormigas son unos de los pocos animales que viven en sociedad, compartiendo un lugar donde coexisten de manera organizada. La diferencia entre hormigas y humanos es que, aunque no sean inteligentes, ellas sí han logrado formar una sociedad perfecta y armoniosa, cuyo objetivo es el bien común". Biol. Oscar Aranda.

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico Cognitivo-conductual y Gestalt
Contacto: 9992198951
"Trascender" Centro de Atención Psicológica Integral.