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viernes, 8 de septiembre de 2023

Cartas anticipadas para mi muerte II

Tú eliges el lugar de la herida

en donde hablamos nuestro silencio

-Alejandra Pizarnik, 1990

 Carta a nuestros silencios

Es de esperar que le temamos tanto a los silencios cuando están impregnados de experiencias que pudieran traernos tensión en nuestras relaciones: el espacio que deja el amigo que desde hace tiempo no vemos, el mensaje que nos quedamos esperando pero que nunca llegó, la incomodidad de una visita que no se va pero que aguantamos para que no se ofenda, las palabras atoradas que no alcanzan al otro...

Creo que hay muchos tipos de silencios, pero de entre todos, quisiera destacar aquel que tiene una doble característica, el que nos hace frenar las palabras para cuidar del otro.

Mucha gente quiere platicar, hablar, contar sus cosas… Vivimos en una tiranía de la palabra que impide que entre tanto ruido podamos escucharnos, sostenernos e implicarnos; pienso que el silencio tiene la bondad de abrir un espacio al otro… un espacio en donde pueda compartir sus experiencias desde el amplio espectro que la humanidad nos aporta. Guardar silencio implica más que solo callarse, implica una atención plena hacia lo que la otra persona nos comparte; es estar afuera sin dejar de estar hacia adentro.

Justo por esta última línea que escribí es que pienso que el tema del silencio nos resulta más difícil como colectivo, a muchas y muchos nos entrenan en un mundo en donde “quien tiene la última palabra” ya lo dijo todo o donde las palabras ocupan un espacio importante entre nuestras relaciones; es decir, por alguna razón nos mantenemos más tiempo hacia afuera sin revisar con detenimiento cómo nos impacta (e implica) lo que el otro nos cuenta.

Creo que el riesgo de tomar estas enseñanzas o entrenamientos muy apegadamente es que nuestras palabras terminen desplazando u ocupando el espacio de la otra persona.

Yury Fomichev (1958- Russian Artist) için 67 fikir | periler, müzik
 "The sound of silence" (Yury Fomichev, 2011)

En diferentes espacios me ha tocado coincidir con personas que tienen un discurso interno que suele ser avasallante con la otredad (yo mismo observo cómo también sostengo estos discursos), a tal grado que inclusive, restan espacio a lo que el otro pueda hacer o decir, se adelantan o hasta pasan por obvia la perspectiva de la otra persona. Creo que esto de la tiranía de la palabra nos ha empapado tanto que lo hemos internalizado: hay prácticas monológicas (de una sola voz) en lugar de dialógicas (de dos o más voces), ya no abrimos el diálogo porque sabemos (o creemos saber) lo que el otro ya tiene para compartirnos. Esto en conjugación nos ha traído una política contradictoria en nuestras relaciones humanas, donde por un lado hablamos más de lo que escuchamos y por el otro, ya no hablamos porque creemos saber lo que el otro nos va a decir o contar.

Soy fiel partidario de la protesta, de la lucha colectiva y de la subversión, es decir, de no quedarse calladas(os) cuando existen atentados a nuestra dignidad; claro que apoyo a aquella o aquél que toma la palabra para defenderse o defender a su pueblo. Lo que digo es que el silencio al interior de nuestras relaciones también puede ser subversivo, contestatario y revolucionario; porque en un mundo donde reina la tiranía de la palabra, abrir un espacio donde el otro pueda mostrarse, abre grietas en la hegemonía que nos impusieron.

Pienso que en el silencio nos creamos, nos construimos y nos reinventamos. Es gracias a ese espacio que nos podemos encontrar desde ese lugar en donde las palabras no pueden llegar a darle forma.

¿Acaso el silencio es otro lenguaje que dejamos de hablar? ¿Cuántos espacios hemos dejado de habitar cuando la palabra acumula e inunda? ¿Podemos co-habitar los silencios y las palabras sin quitarle la libertad al otro?

“…Continuemos juntos o separados,

Nuestra vida nunca volverá a ser la misma

Ya que nuestro encuentro nos habrá enriquecido”

-Carmen Vázquez Bandín, 2010

Carta a nuestras despedidas

Hablar de despedidas deja una sensación agridulce en la experiencia humana; en el consultorio suelen venir cargadas de una amplia gama de formas de transitarla: desde aquellas despedidas anticipadas-anunciadas hasta aquellas despedidas abruptas que nunca pensábamos que ocurrirían; he aquí el carácter sorpresa de la incertidumbre que acompaña nuestra existencia.

Centrarnos en las despedidas no es fácil, pero tampoco imposible. Poner palabras al sitio que las personas dejan en nuestra vida es una tarea (y un reto) que he asumido dado que esto para mí implica honrar este lugar.

Pienso que en el día a día nos toca desprendernos y despedirnos de muchas cosas y de personas; la despedida forma parte de esta cotidianidad a un grado tal que puede llegar a pasar desapercibido: nos despedimos de las personas pensando que en unas horas o días les volveremos a ver, o nos despedimos como una mera convención social porque nos dijeron que siempre hay que hacerlo. En cualquiera de los casos, los seres humanos asumimos ideas o hechos que hacen de la despedida algo que pasa por obvio; y como buen Gestaltista me siento invitado a explorar el tema.

La despedida abre paso a nuevos procesos o nuevos contactos con otras personas/hechos/proyectos/situaciones; gracias a la despedida tenemos la certeza de que algo se cerró o concluyó, aunque muchas veces no pongamos la mirada precisamente sobre este proceso. Lo curioso de este tema es que la despedida busca brindar un piso sólido en el mar de incertidumbre que la vida trae. 

Remedios Varo - La Despedida, 1958, En esta obra Varo retrata a unos  amantes, que se han separado y desaparecen en direcciones opuestas por  distintos pasillos. Las sombras se personifican, y adquieren

"La despedida" (Remedios Varo, 1958)

Es común que yo aliente a las personas que acuden a psicoterapia a una “sesión de cierre o despedida” cuando culminan sus procesos porque surge en mí una necesidad de decir adiós, de tener un diálogo que nos garantice que nuestra relación llegó a un punto de terminación (temporal o permanente y por las razones que ambos consideremos necesarias). Esto me invita a reflexionar sobre cómo las despedidas también se dan en nuestras relaciones humanas por fuera del consultorio.

Me agrada hablar de esto porque mi sentido de la dialéctica me dice que si hablamos de despedidas es porque previamente hubo un encuentro con otra persona. La despedida es un proceso que así como puede ser vivido como una pérdida, también es una ganancia para ambas partes: la ganancia de que este encuentro se generó, que nos habitó y nos transformó.

Creo que en la dialéctica encuentro-despedida hay una riqueza tal que aborda esa sensación agridulce que comenté al inicio. Despedirnos es un acto de amor al otro (abordo el tema del amor desde la óptica filosófica), es una forma de reiterar su libertad para construir relaciones humanas dentro y fuera de los cánones tradicionales o convenciones sociales… y dicho sea de paso, que el otro no es de nuestra propiedad. Es una forma de decir “Gracias por coincidir, ahora nos toca ir hacia diferentes direcciones”. Y quisiera hacer énfasis en que estas “diferentes direcciones” también tienen la marca o sello del encuentro, dado que el ser humano se enriquece de estos encuentros; nunca volvemos a ser los mismos después de una relación significativa.

¿Será que nuestros encuentros humanos ya tienen una carga de incertidumbre tal, que buscamos pequeños espacios de certeza? ¿Cómo nuestras despedidas son formas de dar la bienvenida a la novedad? ¿Podemos transitar la despedida con este lente de cultivar la libertad nuestra y de los otros?

Psic. Davy Aguilar
Contacto: 9992.19.89.51
Psicólogo y Terapeuta Gestalt

domingo, 25 de abril de 2021

Cartas anticipadas para mi muerte I

 Pensar es un borrador, y necesitamos
al otro para que colabore y enriquezca
nuestras ideas…Es mi necesidad del entorno
para poder seguir pensando y dando forma a mis ideas.
-Carmen Vázquez Bandín, 2010

El año pasado (2020), me convertí oficialmente en un treintañero, y con ello, han llegado numerosas crisis existenciales como acostumbra ser en mis experiencias de vida, en una de ellas vienen entramadas las miradas que intercambio con mis consultantes en los procesos de terapia en los que soy muy afortunado de ser testigo y acompañante.

Esta vez, me propuse escribir de forma errática, sin tanto orden, justo como suelen surgir los encuentros uno a uno. En estos encuentros hay tantas formas posibles y probabilidades para poder encontrarnos, nosotros (Yo, Tú) elegimos una en especial de acuerdo a cada circunstancia, de acuerdo a cada tema en donde nos vamos implicando. Si uso el “nosotros” en la redacción es porque justamente de esto trata la Terapia, de un encuentro con la otredad.

Breve (y ni tan breve) introducción a los textos

Apreciable lector/a, frente a ti, se encuentra el primero de quien sabe cuántos capítulos dado que esto no es para nada planeado, estas reflexiones irán surgiendo como un proceso de meditación y que se derivan de acompañamientos a temas que tocan y calan lo profundo de la existencia humana; una existencia que muchas veces es compartida en espacios como la terapia o las relaciones interpersonales (de cualquier etiqueta)… otras veces es llevada desde lo recóndito de nuestros espacios aislados y allá es cuando a veces, suele convertirse en sufrimiento.

Hoy me sirvo de la metáfora de Carmen Vázquez, a quien aprecio mucho y a pesar de no tener el privilegio de conocerla en persona, indirectamente, he conocido a través de sus textos: “El pensar es un borrador”, como tal, cobra vida al abrirse dicho borrador frente al otro, este otro puede tener rostro o muchas veces ser escrito para abrirse posteriormente.

"Le double secret" (René Magritte, 1927)

Estos escritos llevan el nombre “Cartas anticipadas para mi muerte” dado que de origen, el ser humano busca un sentido a su propia existencia y por lo tanto, la Trascendencia de sí mismo; nombre que por supuesto, llevamos a mucha honra en nuestro consultorio: Trascender. Únicamente esta trascendencia puede darse en el ser humano ante la consciencia de que existe en el mundo, es decir, ante la existencia y testificación de otro. Ese “otro/a” eres tú, apreciable lector/a. 

Entonces, la muerte puede ser parte de la vida (que lo es), pero la palabra puede incluso trascender la muerte de manera simbólica; no importa cuándo, dónde o para qué estés leyendo esto, la invitación es que te detengas de momentos a revisar cómo estos temas planteados tocan sensiblemente tus experiencias, tanto como lo han hecho con las mías: como terapeuta, como usuario de terapia, y más que nada, como Ser-Humano.

No pretendo escribir catedrática o académicamente lo que vivo en los procesos de terapia y menos intelectualizar sobre cómo van surgiendo (de eso tengo/tenemos mucho); sino reflexionar sobre estos temas que suelen emerger de entre las grietas-creaciones dialogales que sostenemos en terapia. Estos diálogos, desde luego, son naturalmente imperfectos, vivos, espontáneos y hasta artísticos; cual poesía subversiva, cual grafiti contestatario o música de lírica rebelde. Porque así es la terapia: imperfecta, errática, subversiva y disidente.

Lo que sí es, una muestra de la desnudez con la cual nos acompañamos en terapia: una desnudez existencial en la cual los temas de uno/a, impactan en el otro/a, como en un ejercicio pendular, como en el impacto de cada tic tac del reloj que anuncia y recuerda nuestra finitud.

Espero que estos escritos dejen más preguntas abiertas que respuestas determinadas, realmente esto último es lo que menos deseo. Yo miro la pregunta como un constante caminar hacia la construcción de significados, como una constante apertura de procesos que a veces pueden quedar inconclusos por diversas circunstancias; esta incertidumbre también forma parte de nuestra vida, y es con la otredad que vamos construyendo un cierre y de nueva cuenta, más aperturas de procesos, nuevas preguntas. Entonces, si no te genera preguntas, yo te regalo unas cuantas para ir reflexionando en nuestras experiencias.

Carta a nuestra Soledad

Aquella vieja amiga que se pavonea de que nos ha acompañado durante tanto tiempo, aquella de tiene cierto propósito y que es tan beneficiosa para muchos y tan dolorosa para otros. Esa vieja amiga a veces melancólica, otras veces placentera, busca siempre un lugar por el cual escabullirse y plantarse ante nosotros.

En ocasiones quiere que nos quedemos a jugar con ella en casa, origen de muchas formas creativas de hacernos, crearnos y re-crearnos. Puede apoyarnos para encontrarnos con la belleza de adentro de nosotros o incluso puede llegar a hundirnos en lo profundo de nuestra existencia, allá donde tal vez no se encuentren estructuras aún. -¿Qué es lo que hay al fondo? -Suele preguntar.

"Habitación de hotel" (Edward Hopper, 1931)

Fundamentalmente, le sirve y obedece al Estado, sin ella, el autoritarismo no podría tener la solidez que actualmente tiene en muchos sitios. Y es que el mirarnos desde allá, desde la Soledad, implica justamente apartarnos de nuestro entorno, segregarnos y buscar adentro de nosotros lo que no encontramos afuera, tal vez porque no lo haya… tal vez porque no lo he pedido… tal vez porque no me lo quieren dar… tal vez porque soy invisible… tal vez porque me han hecho invisible… tal vez porque hay mucha incertidumbre. Inserte aquí cualquier otro “tal vez”.

La vieja amiga nos acompaña para desenredar muchos entramados de nuestro Ser, con un ligero inconveniente: que cuando no existe un límite para ella, esta soledad puede tornarse un tanto imponente y sobre-pasarnos. Su forma más común es el aislamiento del cual se nutre, toma fuerzas y nos embota en un ciclo sinsentido, sin fin.

En la naturaleza existen numerosas especies animales que buscan refugio en la soledad cuando se sienten heridos. Es este refugio el que les provee de un espacio seguro para poder lamerse las heridas, descansar, recuperar fuerzas y posteriormente, reincorporarse a la manada, es decir, salir de nueva cuenta al mundo ¿Por qué en el animal-humano sería diferente? Nuestras heridas corresponden a situaciones sociales, humanas, relacionales; es la soledad la que nos provee de un espacio para dejarnos sentir la herida y curarla sigilosamente; y una vez que contamos con la fuerza necesaria, salir al mundo… y tal vez, si nos damos el chance, dejarnos sostener por otros seres humanos… tal vez, si nos damos el chance, dejar que otros también participen en la curación de dichas heridas... tal vez, si nos damos el chance, pedir ayuda y abrir esta herida frente al otro.

"La herida en el pie" (Joaquín Sorolla, 1909)

Espero estar siendo claro hasta este momento de la escritura; la soledad es mera abstracción del “nosotros”; es gracias a que existe este nosotros, que podemos separarnos hacia esta soledad, gracias a que existe esta herida, es que constatamos que existen relaciones que nos vinculan con el mundo, y que son las mismas relaciones con el mundo las que también pueden proveernos de un gran potencial curativo.

Entonces, es la mirada del otro, lo que muchas veces nos rescata del secuestro imperioso de nuestra amiga, lo que nos re-coloca en el punto central de nuestras relaciones con el mundo. Esta mentada mirada del otro, a veces respetuosa, otras veces invasiva, algunas veces oportuna, otras veces inoportuna; siempre irrumpe con estos círculos viciosos del secuestro de la soledad; en el momento preciso en el que irrumpe… la soledad se transforma en compañía y es encarnado bajo el rostro, cuerpo y alma de un otro.

No nos olvidemos de ella, sigue siendo un tanto incomprendida, un tanto utilizada (como en los viejos y no tan viejos gobiernos autoritarios) y un tanto necesaria. Vaya que deja un sabor agridulce, “te necesito, pero a la vez admito que puedes hacerme daño si te quedas mucho tiempo” es el mensaje que regularmente le comunicamos. Aquí, en este mensaje hay mucho de lo que traen consigo muchos otros temas existenciales de co-existir en el mundo, no existe algo tal como un ganar-ganar. Existe más bien, un elegir-renunciar.

Junto con la soledad, vienen muchas oportunidades de conocernos, re-conocernos, crear y re-crearnos; asimismo, una renuncia a nuestro reconocimiento ante el otro (y reconocimiento del otro). De igual forma, a veces necesitamos de ella en una pequeña dosis para permitirnos este que-hacer humano comúnmente llamado “crecimiento”, y como el Ser-Humano inevitablemente vive en relación, esta soledad puede cobrar un sentido cuando después de vivirla, es presentada desde sus creaciones ante otro/a, como una especie de exposición de arte; es entonces que continuamos construyendo junto con el otro/a para que más procesos puedan ir co-surgiendo a la par de lo que hemos ido experimentando a través de la soledad, solo que ahora, desde la compañía.

¿Cuándo nos hemos detenido a sentir la soledad? ¿Hay un fondo en esa soledad o es un prolongado vistazo al abismo de nuestra existencia? ¿Cómo nos apoyamos del otro para construir puentes soledad-compañía? ¿Es la soledad, igual que el dolor y el sufrimiento, un recordatorio vívido de nuestra existencia en el mundo?

Psic. Davy Aguilar
Contacto: 9992.19.89.51
Psicólogo y Terapeuta Gestalt

miércoles, 17 de enero de 2018

Psicoterapia: De la Humanidad enajenada a la Humanidad consciente (Parte 1)

La concepción de la Psicoterapia como un servicio de alcances únicamente individuales, ha contribuido en gran medida al reduccionismo del impacto real que el ejercicio de esta puede aportar en diversos aspectos, sobre todo, en términos socio-políticos.

La presente entrada, tiene como finalidad, analizar la praxis psicoterapéutica como un espacio donde la Persona gestiona su entorno más allá de los límites del consultorio.

El concepto de Política

Antes de desarrollar las ideas que corresponden a la entrada, me gustaría aclarar lo que se entiende por política, desde bases lingüísticas y conceptuales.

“Política” proviene de “politikḗ”, que desde una traducción lo más apegada a la raíz griega, significa “de, para o relacionado con los ciudadanos”. Concepto que precisamente, se vincula con la forma en cómo las comunidades se organizan para la creación de su convivencia colectiva.

Este concepto también ha sufrido ciertos cambios en la manera en cómo se utiliza desde las interacciones cotidianas populares, a tal grado de adjudicar el ejercicio de lo político a aquellas altas esferas de la élite social y que intentan instaurar un gobierno de intereses individuales, más que comunes.

Asimismo, esta concepción de política, deslinda al ciudadano de su propio ejercicio, haciendo que la visualización de esta misma, sea más arraigada a la que ejerce determinado partido o persona con conveniencia de un determinado Estado, dejando de lado lo que pudiera gestarse desde una organización o agrupación con personas conscientes de su realidad social.

comunidad


La participación del entorno en la construcción de la Persona

Así como resulta complicado separar al ser humano del contexto en el que vive, no podemos pasar por alto que este mismo contexto ejerce influencia en el desarrollo del ser humano y que mediante el día a día, se ve reflejada en sus interacciones.

Esta influencia, se vive de manera más marcada en el ser humano, a partir de su entorno más inmediato: la familia. Asimismo, tenemos que aceptar que esta relación no es determinante ni lineal; es decir, el mismo individuo puede interactuar, influir y dejarse influir en otros círculos sociales y de convivencia aparte del seno familiar.

Todo esto, arma un complejo de relaciones de las que indudablemente, la persona recoge historias, creencias y patrones de conducta que en ocasiones tienden a favorecer una hegemonía o el mantenimiento de un status quo.

Actualmente, podemos reflexionar acerca del establecimiento de relaciones como un ejemplo de este status quo que se va reforzando desde el entorno:

Las épocas contemporáneas favorecen la instauración del amor narciso, un amor en donde el ser humano se contempla escindido de su ambiente y solamente existe para sí mismo; únicamente existen sus necesidades más cercanas (algunas inclusive, fabricadas por el mismo sistema) y en ocasiones, se caracteriza por la evitación del contacto con el prójimo.

En la cultura popular actual, lo podemos ver reflejado en la preferencia por las interacciones a distancia y el tiempo excesivo que invertimos en cuidar las apariencias en redes sociales virtuales. En el mundo globalizado, parece más sencillo atenuar la experiencia que nos produce la charla cara a cara mediante una pantalla que reconocer nuestra Humanidad a través del otro en contacto directo.

Vemos la vida a través de nuestros dispositivos móviles y vamos ignorando los acontecimientos que tienen lugar fuera de aquella pantalla, los que nos afectan e influyen en todo el amplio espectro de las experiencias. Virtualizamos el mundo con la finalidad de encriptarnos en el individualismo.

Si tenemos la oportunidad de interactuar cara a cara con el otro, ¿por qué no lo hacemos?
¿Las actuales redes sociales virtuales apoyan o sustituyen el contacto con los demás?
Este modus vivendi del ser humano, ha apoyado la situación de aislamiento social y por ende, de las cuestiones sociales que también impactan al individuo, ya sea de manera directa o indirecta. De esta forma, el individuo ya no se observa como un átomo más dentro de esta totalidad que llamamos “sociedad”, sino como una entidad totalmente ajena.

Es inevitable que también miremos hacia el papel que el individuo juega dentro de todo este fenómeno. El ser humano es libre de elección ante toda situación y su responsabilidad es fundamental para la persistencia de esta dinámica con el entorno. En estos casos, la misma Persona ha optado por “dejarse llevar” por las masas sin asimilar esta dinámica.

Asimismo, quisiera aclarar que estar en la masa, no es sinónimo de convivencia; la primera es ser-en-si-mismo pero acompañado por personas que solo corresponden a un escenario, mientras que el segundo apela a su capacidad para mirar la otredad desde el colectivismo, la empatía y desde los intereses de causas en común; es decir, ser-con-el-entorno.

El amor narciso impacta en la indiferencia y en concebirnos como Personas ajenas a lo que sucede fuera de nuestros ojos. Desde este punto de vista, surge el cuestionamiento: ¿Existirá algún miedo a perder identidad en el colectivo?


Psicoterapia para construir consciencia

Ante la enajenación del individuo de su sociedad, existe una alternativa (de muchas) que desde la perspectiva de la Psicología, pudiera apoyar en la construcción y co-creación de consciencias holísticas (Persona en relación con su entorno). La alternativa que en esta entrada se aborda, es la Psicoterapia.

La Psicoterapia es un espacio a través del cual, la Persona analiza y reflexiona sobre las dinámicas con las que interactúa con sus redes cercanas. Evidentemente, la persona se llega a dar cuenta inclusive del papel que juega para continuar con esas hegemonías que le han impuesto o que ha llegado a aceptar desde el enajenamiento.

Cuestiones tan cotidianas como estatutos sociales rígidos que se van arraigando a la estructura de la Persona como “Los hombres no lloran” y que desde el trasfondo se encuentra una necesidad de buscar alternativas para expresar lo que ocurre dentro de nosotros. La afirmación “los hombres no lloran” prohíbe de por medio, la expresión emocional y cercena la libertad del individuo para finalmente, orientarlo a reprimir su necesidad.

La persona que reflexiona a partir de este argumento impuesto/autoimpuesto y asimila su necesidad para expresarse, interactúa con el entorno de una manera más consciente. La persona ya contempla la flexibilidad de poder responder de una manera que le permita expresarse, sin tener que estar bajo el yugo de una creencia rígida.

Asimismo, esta construcción de consciencia, puede ser extendida y transmitida al mismo entorno; es decir, la persona consciente, puede gestionar su entorno inmediato, creando cambios significativos incluso en sus redes cercanas.


Recuerdo un cliente que participó en un proceso terapéutico años atrás, cuyo tema principal era la violencia que ejercía frente a situaciones que se colocaban fuera de su control. A partir del proceso terapéutico y de ese análisis de dinámicas que ya hemos abordado, encontró otras formas de respuesta alejados de la violencia. Lo más interesante de este caso, fue que la persona comenzó a conversar acerca de situaciones de violencia que percibía de sus redes cercanas y cómo emprendía acciones para poder evitar y apoyar con alternativas a estas personas.

Como psicoterapeutas, se cree que no podemos intervenir con nada más que con el individuo que tenemos frente a nosotros; es preciso que reflexionemos y que tomemos en cuenta que aquel individuo proviene de un contexto y que ese contexto también influye en su construcción. La comprensión de su mundo, es también la comprensión de nuestro mundo.

El ser humano amplía su consciencia sobre las problemáticas que le acontecen a partir de prácticas como la psicoterapia… y no se queda en los límites del consultorio: él las analiza, las contrasta con su realidad y decide hacer algo por cambiar (ya sea modificar el entorno o adaptarse al mismo).

La transformación de cualquier tipo en el individuo, lleva inevitablemente a gestionar cambios en el entorno, incluyendo los cambios sociales. La persona se organiza para cambiar en el colectivo, cambia su perspectiva y re-organiza la forma en cómo la realidad social se encuentra estructurada. El individuo cuestiona el status quo que le es impuesto y crea nuevas formas de relación.

El ser humano es un ser político por naturaleza y crear consciencia de su papel en el entorno, le hace apropiarse activamente (responsabilizarse) de las riendas de su existencia y de cómo genera impacto en lo otro (los otros).

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Contacto: 9992-19-89-51
"Trascender". Centro de Atención Psicológica Integral

lunes, 19 de diciembre de 2016

La lección de las hormigas a la humanidad

Hace algún tiempo, en un momento de ocio y navegación por internet, me encontré con un artículo que ciertamente me había dejado muy reflexivo con respecto a la existencia de la sociedad actual y sus métodos de organización y estructura.

Dicho artículo era autoría de un biólogo que describía las conductas de las hormigas orientadas hacia la conformación de una sociedad organizada y sumamente auto-regulada. Es por esto, que decido elaborar una entrada, con afán de compartir algunas ideas que surgieron en torno al tema; así como las partes que más llamaron mi atención de esta analogía.

Las hormigas llevan muchísimos años radicando en la Tierra (inclusive llevan más años que los seres Humanos) y han pasado por numerosos procesos de mutación para la adaptación a los diferentes entornos que les ha tocado vivir. Uno de estos procesos adaptativos, es su conformación como sociedad, variable en la que me encuentro interesado en poder profundizar.



Se conoce regularmente a las hormigas como los "super-organismos" que han logrado una estructura social que favorece el bien común y que de alguna manera impera ante el individualismo. La hormiga sabe bien que por su estructura organísmica, su limitado abanico de posibilidades, y por años y años de varios prototipos físicos concedidos gracias a su evolución, no sobreviviría si se enfrasca en sí misma, dando pie al egotismo.

Es por su cooperación y por sus grandes habilidades para la organización social, que han logrado sobrevivir ante tantas circunstancias adversas. Aún más, me resulta necesario indicar que cada hormiga cumple una función dentro de su propio hormiguero y que destaca por sus habilidades que suelen ser únicas para la tarea que ejecuta. Así es como las hormigas más robustas y con agilidad en las patas, suelen ser quienes transportan la comida, debido a que su estructura fisiológica es la más adecuada para esta tarea; otras se dedican a la arquitectura y forma del hormiguero; algunas más, a la atención y cuidado de las larvas; por tomar diversos ejemplos.



En si, las hormigas tienen un común denominador en el ejercicio de sus tareas: la supervivencia de su sociedad. Es por esto, que se apoyan unas a otras (inclusive, cuando alguna sobrepasa su peso en carga, enseguida entran en grupo para apoyar en la transportación de dicha carga).

En contraste, la sociedad humana, ha adquirido en los últimos años, un tono individualista; basado en el poder y el control de su entorno, más que en la colectividad y progreso social auténtico. La hormiga sabe bien que depende del otro para lograr y/o complementar su trabajo; que necesita de la naturaleza para poder subsistir. El ser humano insiste en manipular el medio a su antojo, en no-adaptarse, sino en tergiversar sus prácticas hegemónicas para dejar huella a la fuerza.

En mi opinión; nos hace falta aprender esta lección que las hormigas nos dejan como sociedad. No me refiero necesariamente a confluir, sino a ser-con-el-medio y crear alianzas estratégicas que como comunidades nos brinden facilidades para integrarnos, organizarnos y trabajar por la experiencia de reconocernos en conjunto, como un todo.

Nos hace falta adaptarnos, nos hace falta aprender de otros organismos y que, como bien diría el autor de citado artículo: "En el futuro, la diferencia entre humanos y hormigas se determinará por una sola variable: El éxito evolutivo".

Finalmente, quisiera dejar una frase que más que introductoria al artículo, me pareció demasiado acertada para la ilustración de la construcción de las ideas en esta entrada:

"Al igual que la raza humana, las hormigas son unos de los pocos animales que viven en sociedad, compartiendo un lugar donde coexisten de manera organizada. La diferencia entre hormigas y humanos es que, aunque no sean inteligentes, ellas sí han logrado formar una sociedad perfecta y armoniosa, cuyo objetivo es el bien común". Biol. Oscar Aranda.

Psic. Davy Aguilar Ríos
Psicólogo Clínico Cognitivo-conductual y Gestalt
Contacto: 9992198951
"Trascender" Centro de Atención Psicológica Integral.