Este es un blog donde colaboradores del Centro de Atención Psicológica Integral "Trascender", resuelven dudas en materia de Psicología, mediante Entradas, Ensayos y Otras creaciones literarias que apoyen al lector en las diferentes cuestiones que surjan. La información que aquí se redacta, es producto de la revisión de artículos, opiniones profesionales, estudios y/o bibliografía diversa. ¡Disfrútalo, apreciable lector!
domingo, 13 de abril de 2025
domingo, 19 de enero de 2025
Curso de Actualización: Terapia Gestalt en ABC
viernes, 8 de septiembre de 2023
Cartas anticipadas para mi muerte II
Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio
-Alejandra Pizarnik, 1990
Carta a nuestros silencios
Es de esperar que le temamos tanto a los silencios cuando están impregnados de experiencias que pudieran traernos tensión en nuestras relaciones: el espacio que deja el amigo que desde hace tiempo no vemos, el mensaje que nos quedamos esperando pero que nunca llegó, la incomodidad de una visita que no se va pero que aguantamos para que no se ofenda, las palabras atoradas que no alcanzan al otro...
Creo que hay muchos tipos de silencios, pero de entre todos, quisiera destacar aquel que tiene una doble característica, el que nos hace frenar las palabras para cuidar del otro.
Mucha gente quiere platicar, hablar, contar sus cosas… Vivimos en una tiranía de la palabra que impide que entre tanto ruido podamos escucharnos, sostenernos e implicarnos; pienso que el silencio tiene la bondad de abrir un espacio al otro… un espacio en donde pueda compartir sus experiencias desde el amplio espectro que la humanidad nos aporta. Guardar silencio implica más que solo callarse, implica una atención plena hacia lo que la otra persona nos comparte; es estar afuera sin dejar de estar hacia adentro.
Justo por esta última línea que escribí es que pienso que el tema del silencio nos resulta más difícil como colectivo, a muchas y muchos nos entrenan en un mundo en donde “quien tiene la última palabra” ya lo dijo todo o donde las palabras ocupan un espacio importante entre nuestras relaciones; es decir, por alguna razón nos mantenemos más tiempo hacia afuera sin revisar con detenimiento cómo nos impacta (e implica) lo que el otro nos cuenta.
Creo que el riesgo de tomar estas enseñanzas o entrenamientos muy apegadamente es que nuestras palabras terminen desplazando u ocupando el espacio de la otra persona.

"The sound of silence" (Yury Fomichev, 2011)
En diferentes espacios me ha tocado coincidir con personas que tienen un discurso interno que suele ser avasallante con la otredad (yo mismo observo cómo también sostengo estos discursos), a tal grado que inclusive, restan espacio a lo que el otro pueda hacer o decir, se adelantan o hasta pasan por obvia la perspectiva de la otra persona. Creo que esto de la tiranía de la palabra nos ha empapado tanto que lo hemos internalizado: hay prácticas monológicas (de una sola voz) en lugar de dialógicas (de dos o más voces), ya no abrimos el diálogo porque sabemos (o creemos saber) lo que el otro ya tiene para compartirnos. Esto en conjugación nos ha traído una política contradictoria en nuestras relaciones humanas, donde por un lado hablamos más de lo que escuchamos y por el otro, ya no hablamos porque creemos saber lo que el otro nos va a decir o contar.
Soy fiel partidario de la protesta, de la lucha colectiva y de la subversión, es decir, de no quedarse calladas(os) cuando existen atentados a nuestra dignidad; claro que apoyo a aquella o aquél que toma la palabra para defenderse o defender a su pueblo. Lo que digo es que el silencio al interior de nuestras relaciones también puede ser subversivo, contestatario y revolucionario; porque en un mundo donde reina la tiranía de la palabra, abrir un espacio donde el otro pueda mostrarse, abre grietas en la hegemonía que nos impusieron.
Pienso que en el silencio nos creamos, nos construimos y nos reinventamos. Es gracias a ese espacio que nos podemos encontrar desde ese lugar en donde las palabras no pueden llegar a darle forma.
¿Acaso el silencio es otro lenguaje que dejamos de hablar? ¿Cuántos espacios hemos dejado de habitar cuando la palabra acumula e inunda? ¿Podemos co-habitar los silencios y las palabras sin quitarle la libertad al otro?
“…Continuemos juntos o separados,
Nuestra vida nunca volverá a ser la misma
Ya que nuestro encuentro nos habrá enriquecido”
-Carmen Vázquez Bandín, 2010
Carta a nuestras despedidas
Hablar de despedidas deja una sensación agridulce en la experiencia humana; en el consultorio suelen venir cargadas de una amplia gama de formas de transitarla: desde aquellas despedidas anticipadas-anunciadas hasta aquellas despedidas abruptas que nunca pensábamos que ocurrirían; he aquí el carácter sorpresa de la incertidumbre que acompaña nuestra existencia.
Centrarnos en las despedidas no es fácil, pero tampoco imposible. Poner palabras al sitio que las personas dejan en nuestra vida es una tarea (y un reto) que he asumido dado que esto para mí implica honrar este lugar.
Pienso que en el día a día nos toca desprendernos y despedirnos de muchas cosas y de personas; la despedida forma parte de esta cotidianidad a un grado tal que puede llegar a pasar desapercibido: nos despedimos de las personas pensando que en unas horas o días les volveremos a ver, o nos despedimos como una mera convención social porque nos dijeron que siempre hay que hacerlo. En cualquiera de los casos, los seres humanos asumimos ideas o hechos que hacen de la despedida algo que pasa por obvio; y como buen Gestaltista me siento invitado a explorar el tema.
La despedida abre paso a nuevos procesos o nuevos contactos con otras personas/hechos/proyectos/situaciones; gracias a la despedida tenemos la certeza de que algo se cerró o concluyó, aunque muchas veces no pongamos la mirada precisamente sobre este proceso. Lo curioso de este tema es que la despedida busca brindar un piso sólido en el mar de incertidumbre que la vida trae.
"La despedida" (Remedios Varo, 1958)
Es común que yo aliente a las personas que acuden a psicoterapia a una “sesión de cierre o despedida” cuando culminan sus procesos porque surge en mí una necesidad de decir adiós, de tener un diálogo que nos garantice que nuestra relación llegó a un punto de terminación (temporal o permanente y por las razones que ambos consideremos necesarias). Esto me invita a reflexionar sobre cómo las despedidas también se dan en nuestras relaciones humanas por fuera del consultorio.
Me agrada hablar de esto porque mi sentido de la dialéctica me dice que si hablamos de despedidas es porque previamente hubo un encuentro con otra persona. La despedida es un proceso que así como puede ser vivido como una pérdida, también es una ganancia para ambas partes: la ganancia de que este encuentro se generó, que nos habitó y nos transformó.
Creo que en la dialéctica encuentro-despedida hay una riqueza tal que aborda esa sensación agridulce que comenté al inicio. Despedirnos es un acto de amor al otro (abordo el tema del amor desde la óptica filosófica), es una forma de reiterar su libertad para construir relaciones humanas dentro y fuera de los cánones tradicionales o convenciones sociales… y dicho sea de paso, que el otro no es de nuestra propiedad. Es una forma de decir “Gracias por coincidir, ahora nos toca ir hacia diferentes direcciones”. Y quisiera hacer énfasis en que estas “diferentes direcciones” también tienen la marca o sello del encuentro, dado que el ser humano se enriquece de estos encuentros; nunca volvemos a ser los mismos después de una relación significativa.
¿Será que nuestros encuentros humanos ya tienen una carga de incertidumbre tal, que buscamos pequeños espacios de certeza? ¿Cómo nuestras despedidas son formas de dar la bienvenida a la novedad? ¿Podemos transitar la despedida con este lente de cultivar la libertad nuestra y de los otros?
Psic. Davy Aguilar
Contacto: 9992.19.89.51
Psicólogo y Terapeuta Gestalt
lunes, 17 de mayo de 2021
Formación de Psicólogos/as: Retos y Desafíos sociales (Por Facebook Live)
domingo, 25 de abril de 2021
Cartas anticipadas para mi muerte I
El
año pasado (2020), me convertí oficialmente en un treintañero, y con ello, han
llegado numerosas crisis existenciales como acostumbra ser en mis experiencias
de vida, en una de ellas vienen entramadas las miradas que intercambio con mis
consultantes en los procesos de terapia en los que soy muy afortunado de ser
testigo y acompañante.
Esta
vez, me propuse escribir de forma errática, sin tanto orden, justo como suelen
surgir los encuentros uno a uno. En estos encuentros hay tantas formas posibles
y probabilidades para poder encontrarnos, nosotros (Yo, Tú) elegimos una en
especial de acuerdo a cada circunstancia, de acuerdo a cada tema en donde nos
vamos implicando. Si uso el “nosotros” en la redacción es porque justamente de
esto trata la Terapia, de un encuentro con la otredad.
Breve (y ni tan breve) introducción a
los textos
Apreciable
lector/a, frente a ti, se encuentra el primero de quien sabe cuántos capítulos
dado que esto no es para nada planeado, estas reflexiones irán surgiendo como
un proceso de meditación y que se derivan de acompañamientos a temas que tocan
y calan lo profundo de la existencia humana; una existencia que muchas veces es
compartida en espacios como la terapia o las relaciones interpersonales (de cualquier
etiqueta)… otras veces es llevada desde lo recóndito de nuestros espacios
aislados y allá es cuando a veces, suele convertirse en sufrimiento.
Hoy
me sirvo de la metáfora de Carmen Vázquez, a quien aprecio mucho y a pesar de
no tener el privilegio de conocerla en persona, indirectamente, he conocido a
través de sus textos: “El pensar es un borrador”, como tal, cobra vida al
abrirse dicho borrador frente al otro, este otro puede tener rostro o muchas
veces ser escrito para abrirse posteriormente.
Estos
escritos llevan el nombre “Cartas anticipadas para mi muerte” dado que de
origen, el ser humano busca un sentido a su propia existencia y por lo tanto,
la Trascendencia de sí mismo; nombre que por supuesto, llevamos a mucha honra
en nuestro consultorio: Trascender. Únicamente esta trascendencia puede darse
en el ser humano ante la consciencia de que existe en el mundo, es decir, ante
la existencia y testificación de otro. Ese “otro/a” eres tú, apreciable
lector/a.
Entonces,
la muerte puede ser parte de la vida (que lo es), pero la palabra puede incluso
trascender la muerte de manera simbólica; no importa cuándo, dónde o para qué
estés leyendo esto, la invitación es que te detengas de momentos a revisar cómo
estos temas planteados tocan sensiblemente tus experiencias, tanto como lo han
hecho con las mías: como terapeuta, como usuario de terapia, y más que nada,
como Ser-Humano.
No
pretendo escribir catedrática o académicamente lo que vivo en los procesos de
terapia y menos intelectualizar sobre cómo van surgiendo (de eso tengo/tenemos
mucho); sino reflexionar sobre estos temas que suelen emerger de entre las
grietas-creaciones dialogales que sostenemos en terapia. Estos diálogos, desde
luego, son naturalmente imperfectos, vivos, espontáneos y hasta artísticos;
cual poesía subversiva, cual grafiti contestatario o música de lírica rebelde.
Porque así es la terapia: imperfecta, errática, subversiva y disidente.
Lo
que sí es, una muestra de la desnudez con la cual nos acompañamos en terapia:
una desnudez existencial en la cual los temas de uno/a, impactan en el otro/a,
como en un ejercicio pendular, como en el impacto de cada tic tac del reloj que
anuncia y recuerda nuestra finitud.
Espero
que estos escritos dejen más preguntas abiertas que respuestas determinadas,
realmente esto último es lo que menos deseo. Yo miro la pregunta como un
constante caminar hacia la construcción de significados, como una constante
apertura de procesos que a veces pueden quedar inconclusos por diversas
circunstancias; esta incertidumbre también forma parte de nuestra vida, y es
con la otredad que vamos construyendo un cierre y de nueva cuenta, más
aperturas de procesos, nuevas preguntas. Entonces, si no te genera preguntas,
yo te regalo unas cuantas para ir reflexionando en nuestras experiencias.
Carta a nuestra Soledad
Aquella
vieja amiga que se pavonea de que nos ha acompañado durante tanto tiempo,
aquella de tiene cierto propósito y que es tan beneficiosa para muchos y tan
dolorosa para otros. Esa vieja amiga a veces melancólica, otras veces
placentera, busca siempre un lugar por el cual escabullirse y plantarse ante
nosotros.
En
ocasiones quiere que nos quedemos a jugar con ella en casa, origen de muchas
formas creativas de hacernos, crearnos y re-crearnos. Puede apoyarnos para
encontrarnos con la belleza de adentro de nosotros o incluso puede llegar a
hundirnos en lo profundo de nuestra existencia, allá donde tal vez no se
encuentren estructuras aún. -¿Qué es lo que hay al fondo? -Suele preguntar.
Fundamentalmente, le sirve y obedece al Estado, sin ella, el autoritarismo no podría tener la solidez que actualmente tiene en muchos sitios. Y es que el mirarnos desde allá, desde la Soledad, implica justamente apartarnos de nuestro entorno, segregarnos y buscar adentro de nosotros lo que no encontramos afuera, tal vez porque no lo haya… tal vez porque no lo he pedido… tal vez porque no me lo quieren dar… tal vez porque soy invisible… tal vez porque me han hecho invisible… tal vez porque hay mucha incertidumbre. Inserte aquí cualquier otro “tal vez”.
La
vieja amiga nos acompaña para desenredar muchos entramados de nuestro Ser, con un ligero inconveniente: que cuando no existe un límite para ella, esta soledad puede tornarse un tanto
imponente y sobre-pasarnos. Su forma más común es el aislamiento del cual se
nutre, toma fuerzas y nos embota en un ciclo sinsentido, sin fin.
En
la naturaleza existen numerosas especies animales que buscan refugio en la
soledad cuando se sienten heridos. Es este refugio el que les provee de un
espacio seguro para poder lamerse las heridas, descansar, recuperar fuerzas y
posteriormente, reincorporarse a la manada, es decir, salir de nueva cuenta al
mundo ¿Por qué en el animal-humano sería diferente? Nuestras heridas
corresponden a situaciones sociales, humanas, relacionales; es la soledad la
que nos provee de un espacio para dejarnos sentir la herida y curarla sigilosamente;
y una vez que contamos con la fuerza necesaria, salir al mundo… y tal vez, si nos damos el
chance, dejarnos sostener por otros seres humanos… tal vez, si nos damos el
chance, dejar que otros también participen en la curación de dichas heridas... tal vez, si nos damos el chance, pedir ayuda y abrir esta herida frente al otro.
Espero
estar siendo claro hasta este momento de la escritura; la soledad es mera
abstracción del “nosotros”; es gracias a que existe este nosotros, que podemos
separarnos hacia esta soledad, gracias a que existe esta herida, es que
constatamos que existen relaciones que nos vinculan con el mundo, y que son las
mismas relaciones con el mundo las que también pueden proveernos de un gran
potencial curativo.
Entonces,
es la mirada del otro, lo que muchas veces nos rescata del secuestro imperioso
de nuestra amiga, lo que nos re-coloca en el punto central de nuestras
relaciones con el mundo. Esta mentada mirada del otro, a veces respetuosa,
otras veces invasiva, algunas veces oportuna, otras veces inoportuna; siempre
irrumpe con estos círculos viciosos del secuestro de la soledad; en el momento
preciso en el que irrumpe… la soledad se transforma en compañía y es encarnado
bajo el rostro, cuerpo y alma de un otro.
No
nos olvidemos de ella, sigue siendo un tanto incomprendida, un tanto utilizada
(como en los viejos y no tan viejos gobiernos autoritarios) y un tanto
necesaria. Vaya que deja un sabor agridulce, “te necesito, pero a la vez admito
que puedes hacerme daño si te quedas mucho tiempo” es el mensaje que
regularmente le comunicamos. Aquí, en este mensaje hay mucho de lo que traen
consigo muchos otros temas existenciales de co-existir en el mundo, no existe
algo tal como un ganar-ganar. Existe más bien, un elegir-renunciar.
Junto
con la soledad, vienen muchas oportunidades de conocernos, re-conocernos, crear
y re-crearnos; asimismo, una renuncia a nuestro reconocimiento ante el otro (y
reconocimiento del otro). De igual forma, a veces necesitamos de ella en una
pequeña dosis para permitirnos este que-hacer humano comúnmente llamado
“crecimiento”, y como el Ser-Humano inevitablemente vive en relación, esta
soledad puede cobrar un sentido cuando después de vivirla, es presentada desde
sus creaciones ante otro/a, como una especie de exposición de arte; es entonces
que continuamos construyendo junto con el otro/a para que más procesos puedan
ir co-surgiendo a la par de lo que hemos ido experimentando a través de la
soledad, solo que ahora, desde la compañía.
¿Cuándo
nos hemos detenido a sentir la soledad? ¿Hay un fondo en esa soledad o es un
prolongado vistazo al abismo de nuestra existencia? ¿Cómo nos apoyamos del otro
para construir puentes soledad-compañía? ¿Es la soledad, igual que el dolor y el sufrimiento, un recordatorio vívido de nuestra existencia en el mundo?
Psic. Davy Aguilar
Contacto: 9992.19.89.51
Psicólogo y Terapeuta Gestalt
domingo, 27 de diciembre de 2020
La Nostalgia de quienes se quedan
Duele revisar hacia adentro y buscar las palabras exactas
que reflejen mi sentipensar al respecto; pese a la incertidumbre de la
redacción y de poder encontrar dichas palabras, me atrevo a plasmar en esta
entrada, lo que yo y muchas personas han vivido en esta actualidad que nos toca
vivir.
Creo que como todo buen escrito, ha de venir matizado de las
raíces que componen el título; así que comenzaré por allá. “Nostalgia” es una
palabra que por muchos años, los seres humanos hemos sobre-explotado y que en
diversas ocasiones suele confundirse con la tristeza (y no es para menos, si
son primas hermanas). Las raíces griegas de la Nostalgia descansan en dos
principales elementos: Nostós (νόστος) que significa regreso y álgos (ἄλγος)
que significa dolor; es así que describimos este intenso sentimiento de anhelo
o esperanza porque aquellos acontecimientos o situaciones del pasado, regresen
a nuestro presente.
Esta nostalgia puede invadirnos y hacernos desear momentos,
lugares, experiencias y sobre todo, personas que ya se han desvanecido o que
han partido de este mundo y que no volverán. Es por esto mismo, que la
nostalgia suele ser tan abrumadora que quienes la vivimos solemos transitarla
con sufrimiento; ¡no nos detengamos, el sufrimiento también forma parte de los
diversos matices de la vida! Aunque una tendencia es a huir de este mismo
sufrimiento o repudiarlo de nosotros, creo que es necesario darnos tiempo de
sentirlo, ya que como todas las emociones y sentimientos, son testimonio de
nuestra existencia.
Entre los puntos altamente positivos que le encuentro a la nostalgia, está el recuerdo… recordamos los momentos, las personas, los lugares con quienes estuvimos en contacto y nos relacionamos; esto último que menciono, creo que es lo más fundamental de escribir sobre dicho sentimiento humano, ya que nos proporciona la capacidad de resignificar nuestra propia existencia y de proyectarla de cara al futuro a partir de esta consciencia de que algo/alguien tan significativo existió en nuestro marco de experiencias y que nos toca continuar caminando ante su ausencia.
Pero, ¿el tomar en cuenta estos puntos positivos ayuda a
hacer menos dolorosa la nostalgia? La verdad no, solo la hace entendible. La
nostalgia de quienes nos quedamos es dolorosa por origen, es la huella de que
alguien ha tocado nuestro corazón el tiempo que fue necesario y que ese
contacto fue tan prometedor que nos ha sacado del lugar común que nos proveen
el resto de las experiencias; es decir, el contacto con ellos, ha sido tan
representativo para nosotros que la nostalgia se hace presente para despertar
las experiencias más esenciales con ellos y todo un proceso de aceptación de su
ausencia física al interior nuestro.
entre dos sustancias químicas: si se produce
una reacción, las dos se transforman"
Carl G. Jung
La pandemia nos ha llenado de muertos, de incertidumbre y ha
acrecentado el volumen de experiencias nostálgicas en nosotros, ante lo que en
algún momento fue y hoy pudo ser… pero ya no más. Yo lo constato en mi
transitar por estas experiencias y admiro la ausencia de quienes no pudieron
estar esta navidad o compartir los abrazos como cada año solía ser; a punto de
terminar el año, esta nostalgia se acentúa.
En estos momentos tan llenos de incertidumbre que la
pandemia por COVID-19 nos provee, solo podemos abrazar estos recuerdos de
quienes también han transitado el mundo acompañándonos y llenándonos de sus tan
particulares formas de ser, agregando crecimiento en nosotros, ya que cada
contacto con ellos, no es un episodio en vano, sino que funge como catalizador
de nuestra persona. Nuestros encuentros con quienes ya se han ido, nos hacen
más humanos, más sensibles y vulnerables; tanto como cuando ellos se marchan y
nos toca vivir la nostalgia abrazando el dolor al que conlleva su ausencia para
resignificar nuestra propia existencia, para vivir el presente y atesorar el
pasado.
Hoy la invitación no es a repudiar la nostalgia, sino a vivirla como deviene en nosotros, ya sea con llanto, recuerdos, risas, sollozos, y sobre todo, con el sostén de quienes se han quedado junto con nosotros, ante estas inevitables ausencias.
Contacto: 9992.19.89.51
martes, 20 de octubre de 2020
Jornadas de Arte y Ser Vol. 5









